información turística


La provincia de Cotopaxi, a vista de propios y extraños, es poseedora de majestuosos paisajes. Su volcán de belleza fascinante, sus ríos, pueblos antiguos y modernos, monumentos, iglesias, las calles angostas de su ciudad capital, sitios de pesca, restaurantes, montículos incásicos, santuarios, sus lagunas, las ferias y sitios históricos invitan a conversar y extasiarse frente a sus maravillas, no sólo como fuente inagotable de inspiración artística, sino como una zona de curiosidad científica. Estudiosos nacionales y extranjeros han exaltado tanto la prodigiosa y exuberante vegetación, como los sentimientos e ideas de sus habitantes prestos al trabajo y a la reflexión constante. Sus casas señoriales, haciendas, páramos, chozas indígenas y más recónditos lugares, han sido escenarios gloriosos de jornadas épicas. Su ciudad y pueblos más apartados guardan la pujanza aborigen, un romanticismo español nuevo, capaz de grandes esfuerzos y sacrificios, y el más común y más sencillo estímulo hacia las elevaciones del espíritu.


El turismo como fuente económica y como valor cultural de fundamental importancia para la Provincia. Cotopaxi dispone de hermosos rincones naturales y otros creados para brindar comodidad al turista.


Los siguientes son los sitios preferidos y que tienen importancia turística:


La Cara de Piedra de Angamarca.- Ruina arqueológica ubicada en la parroquia Angamarca, esculpida en piedra dura, cinco metros de longitud, retiene la historia quichua. Muy cerca se encuentra un cementerio del cual se han extraído esqueletos humanos y vasijas. En la misma zona, el monumento incásico Churopucara, es una fortificación y adoratorio, en medio de un bucólico ambiente. Aseguran que los construyó Túpac-Yupanqui con el propósito de eliminar a los Colorados.


En la confluencia de los ríos Angamarca y Piñanatus existen los jeroglíficos de Barranco Colorado, conjunto de símbolos e inscripciones pertenecientes a la cultura panzalea. Los panzaleos se trasladaron a esos lares para dominar a los habitantes de Zapotal.

Las Ruinas de Pachuzala.- AI Norte de la ciudad de Latacunga, a unos 26 kilómetros, está el palacio construido con piedra volcánica ordinaria y consta de dos cámaras en la actualidad. Angel Nicanor Bedoya, en su obra «La arqueología en la Región Interandina del Ecuador», nos entrega la siguiente descripción: «El patio es cuadrado de 22,50 metros por lado con tres corredores; la cámara A tiene forma rectangular, mide 9,80 metros de largo por 5,50 metros de ancho; en la fachada se cuentan diez hiladas visibles de piedras labradas, al centro todavía se puede apreciar la forma trapezoidal de alta y estrecha puerta de entrada con dintel de una sola piedra plana, a pesar de haber sido desbastados los filos del marco para adoptar hojas de madera; los muros son de un metro de espesor a base de dos filas de molones.


El Cerro de Gallo.- Al Norte de Latacunga se halla el cerro de Gallo, montículo de acabado perfecto. Pudo ser un observatorio o atalaya, artificial o natural, «Aseguran los indígenas que este cerro, parecido a una campana y de forma por extremo regular, es un túmu us, una de esas colinas que los antiguos habitantes levantaron para sepultura de príncipes o personajes extinguidos y alegan en su apoyo de esta opinión el hecho de estar el Panecillo compuesto de restos volcánicos, así en el terreno que le sirve de base como en su cima o cúspide». Callo viene del idioma caribe Haitiano: ca = tierra, suelo, terreno seco; lo = Dios o tipo de la vida, en síntesis, «llanura árida de Dios o de la vida por excelencia».


Monasterio de Tllipulo.- A siete kilómetros de Latacunga, como un ámbito de recogimiento y de paz en la inmensidad de la distancia, surge una reliquia arquitectónica colonial, el Monasterio de San Juan Bautista de Tilipulo. «Shigllipullu», nombre preincásico que explica las costumbres de los habitantes de trenzar fibras de cabuya para confeccionar cobijas y otros tejidos. Esta zona perteneció a Tucomango Jacho, a Sancha Jacho Pullupaxi y otros descendientes. Rodrigo Núñez de Bonilla, cuando obtuvo permiso para adjudicación de estancias, expropió estas tierras. Después, perteneció a Francisco Ortes, a Diego de Bergara, Andrés Páez, Maria Dávalos (1713), a Gregorio Axze, de la Compañía de Jesús. El Monasterio se construyó a partir de 1720, «bajo la dirección del hermano Marcos Guerra, arquitecto y constructor de gran ingenio técnico y enorme gusto estético». Allí meditaron los monjes y observaron día a día trabajar en los obreajes, a mujeres, niños y ancianos, hermosos tejidos que salían al exterior.


Con el pasar de los años, el Monasterio fue propiedad de Antonio Flores de Vergara (1762) y la matrona latacungueña Magdalena Jiménez, padres del ínclito pacificador Ignacio Flores. Por este tiempo se extraía en respetables cantidades aceite de lino. En Tilipulo se reunieron patriotas de Quito y otros lugares para planificar la independencia. El Monasterio era dueño de fabulosas joyas de arte ecuatoriano, inscripciones históricas y obras de la escuela quiteña. Los señores: Eduardo Paredes Ortega, M. Andino León y P. Izu neta Moscoso, en un interesante estudio sobre Tui ulo, describen al Monasterio de la siguiente manera:

«Un tanto hacia el Norte y siguiendo la misma fachada del pretil, encontramos una estrecha portezuela que conduce al patio principal de antiquísimo empedrado y callejuelas guardadas con primorosos jardines que pintan una visión lateral de la capilla hacia cuya bóveda se asciende por ascéticos portales adyacentes a una prolongada terraza que lejos de quitar el brillo al conjunto se suma sobriamente como funcional elemento de acceso al santuario.

»En forma angular, enfrentamos la sala principal cuyo atrio eleva una ensoñadora pincelada de gradas semicirculares que presiden al corredor de acceso hacia el gran salón testigo de nuestra gesta heroica, no cabe olvidar los elegantes soportales que bordean el conjunto en dos paralelas bóvedas de cañón que largamente se recuestan formando hilera de columnatas y arquerías, con clara reminiscencia romántica y bizantina; curiosidad es en el patio un simpático "reloj de sol" que señala el constante trajín de las horas. Un portón permite acceso al segundo patio, entonces notamos a diestra y siniestra que en ningún momento las bóvedas se interrumpen, divisándose una vez más, austera y tranquila magnificiencia de soportales y arquerías cuyos dentículos labrados primorosamente semejan lo clásico del morisco e ibero; allí mismo destacan sus gráciles siluetas los modillones y pináculos cónicos de azotea, cuyo mirador hace rima vital con cadena de arquerías y soportales que ostentan la ligereza de sus formas gracias a la solidez blanda de la pómez, debemos sumar a lo anterior una hilera de angostas terrazas que permiten con matemática sobriedad mantener un control total del panorama... para llegar allí, se opta por una escalinata de claro ancestro quiteño que parece invitar gentilmente al cielo por escueta bóveda.»


Los autores hacen relación al patio que conserva la belleza del Monasterio. Por otra parte, el sabor de la mansión, el pozo, el cuarto destinado a la purificación del agua, el patio de origen toledano, la laguna adornada por una vegetación compuesta por sauces, molles, eucaliptos; la terraza y el cementerio constituyen sobrio conjunto que nos lleva a considerar su historia de trabajo preincásico e incásico y sus hondas reflexiones de espiritualidad y rebeldía.


Con el propósito de salvar esta reliquia, las autoridades de Cotopaxi, desde años atrás, han efectuado gestiones a fin de que el Estado adquiera esta propiedad y se traspase al I. Municipio. El 9 de agosto de 1979, en el Salón de Honor de la Muncipalidad de Latacunga, se realizó la ceremonia de suscripción de las escrituras de compra y venta del predio Tilipulo de propiedad de la familia Alvarez Guarderas en S/8.770.000 a favor del Municipio. Con este hecho trascendental se abren nuevas perspectivas para conservar la reliquia y ofrecer al país su majestad histórica.


Otras reliquias coloniales convertidas en haciendas y santuarios se encuentran en la provincia: de sus atmósferas insondables emergen nostalgias y páginas históricas comprimidas de verdades y leyendas: Tilipulito, La Ciénega, Isinche Grande, La Avelina, etc.


Colegio Vicente León.- Otra de las reliquias coloniales que guarda secular grandeza en la historia de Cotopaxi y del país es el Colegio Nacional Vicente León, en cuyos claustros se educaron ilustres hombres, muchos de ellos dirigieron los destinos de la República: Ignacio de Veintimilla, Antonio Flores Ji ón, General Alberto Enríquez Gallo, doctor Camilo Ponce Enríquez, General Guillermo Rodríguez Lara, Luis Felipe Boija, el ilustre Juan Montalvo, Belisario Quevedo, Marco Tulio Varea, Luis Femando Ruiz, Manuel Pallares, Juan Sáenz de Viten, Luciano Mo ral, Juan Abel Echeverría, doctor Rafael Quevedo, Rafael Cajiao, etc.


El Colegio lleva este nombre en honor al eminente latacungueño Vicente León, prócer de la Independencia, jurisconsulto de nota, magistrado y filántropo.

Antes de viajar al Perú, estuvo connaturalizado a los afanes de libertad. El Gobierno del Perú aprovecha los conocimientos jurídicos y es él quien con acrisolada honradez, rectitud y amplio sentido de justicia, organiza en Arequipa, Trujillo y el Cusco, las cortes superiores, siendo en esta última ciudad el primer Presidente de la Corte Superior, nombrado por el Libertador Simón Bolívar. En el Cusco, junto con el pensador americano y maestro del Libertador, don Simón Rodríguez, estructuran la ley de reforma agraria. Honradamente hizo fortuna, la misma que ofrendó a su ciudad natal para que en ella se establezca un colegio.


Sus claustros inmortales son visitados por turistas nacionales y extranjeros. En sus aulas dictaron conoci mientos grandes maestros como don Simón Rodríguez, César Cássola, Juan Abel Echevarría, Belisario Quevedo Izurieta, etc. De renombre es su museo zoológico. En su Templete se guardan las cenizas del Patrono del establecimiento. Fue inaugurado el 24 de mayo de 1977, siendo Rector el Lcdo. Oswaldo Rivera Villavicencio. Se puede apreciar el color blanco grávido de serenidad, nobleza y poderosa fe para cultivar la ciencia y la virtud. Resalta el rojo, fuego y sangre, antorcha y luz inextinguible; y la piedra perseverancia muda que eleva, esfuerzo que empuja y encamina tanto retener el aire y la luz. Ahí se mira el busto del filántropo donde reluce su grandeza consagrada a armonizar eternamente la ciencia y la cultura. El Colegio fue creado por el Presidente Juan José Flores, un 7 de mayo de 1840, laboró el año 1842.


Su edificio sólido, construido con piedra pómez, ha resistido las erupciones del Cotopaxi. Cuenta con un hermoso teatro antiguo que actualmente ha sido adaptado para sala de cine, perjudicando a una reliquia artística de sabor clásico. El Colegio dispone también de una biblioteca considerada como una de las más importantes de la provincia.


La Catedral.-Construida a mediados del siglo XVII, es otra de las reliquias de extraordinario valor. En su interior reblandecen recogimientos espirituales religiosos. Su exterior abraza al centro de la ciudad y la huella de una añeja vocación asciende al infinito. Fue restaurada en 1973, gracias a la preocupación del Obispo de la Diócesis, José Mario Ruiz Navas y cuyos trabajos efectuáronse de acuerdo con las exigencias históricas del monumento. Naturalmente, la Catedral ha sufrido las graves consecuencias de erupciones y terremotos y de esas ruinas fueron alzándose nuevos aportes culturales. En la actualidad, como se ha expresado, persisten las raíces románticas de un cristianismo acendrado, el sabor oriental de palacio bizantino, la sobria elegancia del pueblo cotopaxense y la austeridad del pensamiento.

La restauración se realizó, previo estudio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador. La Catedral fue liberada de las edificaciones adosadas en el costado Sur, se amplió la superficie con el propósito de construir el hermoso pasaje. En el interior se suprimieron los altares laterales, el baptisterio del lado Sur Occidental, el recubrimiento de cemento, quedando libre las estructuras con piedra pómez; y se suprimieron los retablos de las capillas presbiteriales.


En el costado Sur Occidental se construyó un Templete en donde reposan restos de hombres importantes. Con detenimiento y técnica se dieron equilibrio a los lugares fundamentales. El atrio, dotado de pretil de artesanía popular, guarda relación con el ambiente.


En lo relativo a la disposición litúrgica, se resolvió «acercar al celebrante a la asamblea». El nuevo presbiterio se localizó en el eje mismo del crucero. La importancia de éste fue acentuada por la colocación de cuatro murales en bajo relieve realizados en mosaico de piedra, obra del artista don Jaime Andrade Mos coso.


Las obras de arte, entre las que cuenta la Trinidad, colocada en «hornacina superior del retablo central, el Cristo Crucificado, ubicado en la hornacina inferior, las imágenes de la Virgen Maria, San José, San Pedro, el primer Papa, San Antonio, cuadros pintados al óleo tanto de San Joaquín y Santa Ana, como la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad, son un verdadero conjunto de estética disposición. Este mismo equilibrio guardan las imágenes colocadas en la hornacina de la capilla lateral, distinguiéndose la imagen del Señor del Consuelo, de factura colonial, colocada al Norte de la entrada Occidental.

La devoción renueva creaciones seculares, cuando se observa unido en el mosaico «que adorna las pechinas, la sobriedad con la riqueza de contenido». Los temas:

«"Dios amor", que envía a "Cristo Camino", a "Cristo Verdad" y a "Cristo Vida de los hombres", forman una corona sobre el altar de piedra, colocado hoy en el centro de! crucero bajo la cúpula». Rompe la gravedad el Cristo de hierro situado en el Templete. La madera utilizada, los muebles, los sillones de cuero repujado, floreros, lámparas en hierro foijado, a más de exaltar los valores artesanales del pueblo cotopaxense, cifran las vastas soledumbres de los páramos con los trigales de luz, invitando al diálogo y a la solidaridad.


Los molinos de Monserrat.-Estos molinos son sede de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Cotopaxi. Se construyeron en tiempo de los jesuitas el año 1736. Aprovecháronse las aguas del río Yanayacu para moliendas de granos. Cuando pasara a ser propiedad del Municipio de Latacunga, este organismo cedió a la institución cultural, cuyos directivos la remodelaron a partir de 1967, siendo Presidente del Núcleo Leonardo Barriga López, quien impulsó la obra con tenacidad, transformándola en una de las más notables del país. Su construcción de calicanto ha resistido a las erupciones del Cotopaxi. Allí se aprecia a la Virgen de Monserrat hecha sobre piedra, existe un museo arqueológico y de vestimentas indígenas, café destinado para coloquios, biblioteca, radio-difusora, salas de exhibiciones pictóricas, teatro circular y oficinas funcionales para la administración. El hermoso local se halla ubicado a orillas del río Cutuchi, que brinda paisaje adecuado para las actividades culturales y para las reflexiones del espíritu.


Escuela de Artes y Oficios.- En el barrio «El Cuartel», sitio en el que funcionó la fábrica de pólvora (época colonial), se levanta el edificio denominado de «Artes y Oficios», sobrio y austero; sorprende su majestuosa cúpula poligonal con ocho ventanas circulares, salas monásticas, columnas dóricas, escaleras de caracol, capilla con tres naves y azoteas caprichosas. Me diante Decreto Legislativo del 8 de agosto, año 1888, fue creada la escuela. Los planos y trabajos fueron encargados al Ing. Francisco Schmitt. Parte del edificio fue entregado el año de 1898 y en 1906 se inauguran cuatro talleres. El año 1927 se la anexa al Colegio Vicente León.


Con el pasar del tiempo este edificio se mantiene firme, pese a ciertas construcciones complementarias. Más tarde, el edificio ha servido como cuartel de un sinúmero de batallones. Funcionó allí la Escuela Práctica de Agricultura Simón Rodríguez. Últimamente, desarrolla actividades de enseñanza técnica el Centro Militar de Aprendizaje Industrial «General Alberto Enríquez Gallo» (CEMAI).

Otros lugares turísticos.- En materia de turismo, la provincia brinda lugares de belleza y esplendor. En la ciudad de Latacunga el viejo edificio del Hospital, la Casa Cuna, reliquia colonial donde vivió el Marqués de Maenza, la plaza de Santo Domingo, de libre expansión, los museos de la Casa de la Cultura, del Colegio Vicente León y de la escuela Isidro Ayora, el parque Vicente León, imagen de gloria auroral, el parque Ignacio Flores, con su hermoso lago natural, la feria de los días sábados, el montículo El Calvario, en donde se levanta el monumento a la Virgen de La Merced, el volcán Cotopaxi, guardián soberano que consume eternamente su blancura, en la nieve y el fuego, en el picaflor y el cóndor; pues, el patriarca sin vejez ofrece diariamente de su cesto de infinito: vida y muerte, luz y sombras. Absorbe el azul para entregar a la comarca el jarrón de belleza milenaria y nieve funeral, al llacta cunga, que renace en cada parcela de tierra. El refugio «José Rivas» y varias lagunas al occidente y al poniente.

Además, se distinguen: eJ complejo turístico de Mulaló, los de Nagsiche y Yambo, en Salcedo; el campamento Mariscal Sucre, la piedra Shilintosa, enorme roca volcánica rodeada de leyendas; el tentadero La Avelina; el complejo del Tennis Club; en el sector oriental, el monte Putzalahua. Las bellezas naturales de los cinco cantones forman un conjunto fascinante.


Conviene detenerse para citar el Restaurante «El Fogón», situado al Sur de la ciudad, es rincón diseñado en forma caprichosa. Sus acabados son acogedores, los adornos típicos y la atención esmerada son recomendables. La hostería Rumipamba de las Rosas, se halla enclavada en la ciudad de Salcedo, a 10 kilómetros de Latacunga, rincón poético y campestre, ambiente rústico y acogedor, construido y decorado con buen gusto. Dispone de un parque infantil, piscina de agua templada, suites lujosas para reposo y sano esparcimiento. Su conjunto guarda intimidad.

Folklore

La provincia de Cotopaxi es rica en manifestaciones folklóricas: la pelea de gallos, las coplas populares, los disfraces característicos de cada pueblo, la vaca loca, las comidas típicas, la pelota de guante, las anécdotas, las danzas con motivos religiosos y paganos, las fiestas indígenas, las canciones populares, son algunas de las manifestaciones del folklore de la Provincia.


 

  ascensión al volcán Cotopaxi  
  laguna del Quitotoa  
  volcán y religión  
  la mamá negra