Escrito por: MJose
Tres milagros de amor

Les voy a contar la historia de Clara, una mujer ecuatoriana, luchadora, emprendedora y fuerte como muchas de las mujeres inmigrantes que vienen a este país. Su vida no es muy diferente a la del resto. Vino a los Estados Unidos hace 17 años y al lado de su esposo emprendieron un negocio propio y su nueva vida. Aparentemente lo tenían todo, pero siempre sintieron que les faltaba algo. Ambos sentían que su casa, su esfuerzo de tantos años no eran suficientes para llenar el nido. Por supuesto, les faltaba un hijo.
Clara lo intentó todo. Desde extravagantes consejos de nuestra abuelas que crisparían los pelos de los médicos norteamericanos, hasta los más sofisticados tratamientos de la medicina moderna.
Clara sentía hundirse en un hueco profundo cada vez que una enfermera llegaba y le decía: “Lo siento mucho, no funcionó. Inténtalo nuevamente eres muy joven”.
Pero los años pasaban y ese hueco, ese vacío se volvía cada vez más profundo.
En el verano del 2004 viajó al Ecuador para visitar a su familia, justamente la conocí en ese viaje. En una reunión familiar ella me dijo que deseaba que pronto mi marido y yo tuviéramos hijos ya que si Dios no le había dado criaturas por lo menos quería disfrutar de sus sobrinos. Pude ver en sus ojos una particular tristeza.
Si algo caracteriza a Clara es su perseverancia que raya en la obstinación. A sus casi 40 años decidió escuchar nuevamente la voz de la tierra, de los consejos ancestrales y de la naturaleza. Como si fuera un retiro espiritual se trasladó al valle de Baños (un sitio magnético, espiritual cerca de Quito, rodeado de volcanes activos y aguas termales) y decidió hacer uso de lo que éste mágico lugar tenía que ofrecer.
No sabemos si fue la dieta de frutas, las hierbas medicinales, el clima acogedor o los baños de cajón (una antigua práctica que consiste en exponer al cuerpo a temperaturas calientes y frías por medio de baños de agua), pero Clarita pronto bajó de peso, se desintoxicó y tomó un “color” diferente.
En Guayaquil (su ciudad natal) la esperaba Guido, su esposo y un famoso médico quien practicaría por última vez el proceso de fertilización.
Pasaron los días y la noticia llegó. El rostro de un médico preocupado le dio la noticia. “Señora: no es lo que esperábamos…. Usted va a tener TRILLIZOS”.
Fueron meses de angustia, de insomnio, de preocupación, no solo por Clara sino porque físicamente no sabíamos si su cuerpo pequeño podría albergar tres criaturas que parecían crecer minuto a minuto.
Yo misma tuve el privilegio de presenciar esa evolución. Su vientre parecía un gigantesco huevo blanco, redondo y brillante. Al masajear su barriga, tratando de aliviar un poco sus dolores, podía sentir claramente las piernitas, rodillas, codo y hasta la cabecita de los niños que parecían saltar y moverse como pececitos en un acuario.
Con su fuerza de carácter logró retenerlos en su vientre de luna llena hasta los 8 meses.
Ahora José Alejandro, Guido Daniel y Juan Esteban son tres preciosos y saludables varoncitos de 1 año y medio de edad.
Cada familia tiene un milagro que contar y éste es el sencillo testimonio de un milagro de amor de una orgullosa tía de trillizos.
Escrito por: MJose
Lo describen como “La Biblia del embarazo” otras como “El mejor amigo de la futura madre” y los más entusiastas como “El pediatra en casa”.
Es un librito que tiene en la portada a una señorona de pelo corto (rubio obviamente), luciendo un camisón de doña (bastante feo por cierto) sentada pacientemente en una silla mecedora con la actitud de quien no tiene absolutamente nada mejor que hacer que leerse las más de 300 páginas de un solo tirón.
Y es que amigos, eso justamente fue lo que esta servidora hizo: Leerse el bendito libro de la A, a la Z sin pensar en las consecuencias que esto traería.
Cabe destacar que no tengo ni el pelo rubio, ni ese horrible camisón, ni una mecedora en casa; y que mis lecturas fluctuaban en entornos nada acogedores como la hora pico de un tren atestado de personas, el ascensor de mi oficina o la sala de espera del hospital.

El libro llegó a mis manos por la generosa intervención de una pariente política (Madre reciente) que pensó que me hacía el regalo ideal.
Empecé mi lectura con el ánimo de quien se lee una cosmopolitan en la peluquería, solo que en vez de leer temas como: “10 tips para mejorar tu vida sexual” estaba leyendo “10 tips para evitar las molestas hemorroides”.

Con la mejor actitud continué mi lectura y de pronto una creciente ansiedad se apoderaba de mí y el deseo de leer más y más empezaba a ser insaciable.
Si hay algo peor que la desinformación es la sobre-información. Temas que nunca había escuchado en mi vida (y que quizá a lo largo de mi embarazo nunca los escuche) se apoderado de mis nervios. De pronto, empecé a hacerme preguntas sobre la salud del feto, sobre mi salud antes del embarazo, empecé a interrogar genéticamente a mi marido. Tuve sueños de que el niño traía 3 brazos. Empecé a fantasear en grandes agujas, en líquidos amnióticos y en partos múltiples. Por pura sugestión me constipé y coincidencialmente empecé a sentir más cansancio del normal, justo después de leer el libro.
Todo esto justamente cuando necesitaba tener los nervios bien puestos para enfrentar con madurez los nuevos retos hormonales que mi cuerpo me planteaba.
Si a esto le sumamos las interminables referencias culturales anglosajonas, la carencia absoluta de referentes culturales hispanos y a una traducción en español bastante pobre, terminaron por hacer que arrincone al libro en la estantería superior junto al manual de “Microsoft 1998”.

Me pregunto: ¿Cómo han hecho nuestras madres, abuelas y antepasados antes de la existencia de todo este “cientifismo”? Pienso que han usado dos dones muy propios de nuestra condición de mujer: SENTIDO COMUN e ITUICION.
Quizá en sociedades como ésta donde la red familiar es tan escasa y no tenemos a la amiga, a la madre o a la abuela que nos eduque en estos temas no nos queda otra opción que recurrir a los libros. Pero me pregunto:

¿Para qué llenarnos de libros y de sobre-información que realmente no necesitamos cuando podemos cerrar los ojos, empezar a escuchar a nuestro cuerpo, y lograr la paz y las repuestas que necesitamos? Pienso que la sabiduría ancestral de las mujeres del planeta la llevamos grabada en nuestros genes, tan solo es cuestión de sintonizarla.
Ya me dirán ustedes…

(Dedicado a mi francesa amiga Caro)

Escrito por: MJose
Habían pasado pocas semanas después de saber la noticia que nos cambiaría la vida para siempre.
De a poco la rutina retomaba pacíficamente mi pequeña familia de a dos.
Era una mañana de desayuno junto a mi café pasado, pan de pasas y la inevitable conversación política mañanera acompañada del susurro radial de NPR (Nacional Public Radio).
No se si fue uno de los tantos escándalos sexuales del gabinete, o si fue una nueva cifra de soldados muertos en Irak o alguna nueva estupidez del presidente Bush, lo que desató en nosotros una ráfaga de balas verbales mezcladas con frustración, impotencia e inconformismo ante el régimen, el sistema, los políticos la sociedad, etc.
De pronto, como sacándome del escenario, una vocesita dulzona y nada inocente me habló a la mente diciendo: “Mami, no hables así de mi país!”
Y mientras mi marido seguía y seguía mis oídos pararon de escuchar y solo el silencio y el eco de esa vocesita permanecieron...
Existen certezas en la vida; como el nacimiento, la muerte, tu identidad, tu nombre o tu nacionalidad. La siguiente realidad inmutable a la que me enfrentaría sería la nacionalidad de mi criatura.
Será estadounidense, de padres ecuatorianos. Será bilingüe y bicultural, conocerá dos mundos y aprenderá a amarlos y respetarlos como ciudadano del mundo que crecerá en la diversa Nueva York.
Ahora amigos, díganme: Y eso… ¿Cómo se enseña? ¿Cómo se enseña a amar algo sino es amándolo?
Ahora no solo eran los malestares propios del embarazo los que me trastornaban sino los cuestionamientos existenciales más profundos.
Eso, sumado a los recientes resultados de las elecciones políticas de nuestro país constituyeron el cocktail mañanero que me dejaría con resaca el día entero.

Quiero para mi hijo un Estados Unidos libre de fanatismos, democrático, tolerante y diverso. Quiero un país con gente sin miedo, sin adultos queriendo ser niños ni niños jugando a ser mayores.
Quiero un Ecuador soberano, auténtico y próspero. Con gente que no quiera irse y con niños que sientan orgullo de ser quienes son.
Yo se, estoy soñando...
Quizá ahora que mi criatura me pertenece solo a mi y no al mundo, puedo soñar en darle sus dos países felices. Quizá solo en estos 9 meses puedo jugar a regalarle a mi hijo un mundo mejor.
Escrito por: MJose
Yo se amigos, han pasado muchos días sin que me haya reportado. Es que el tiempo en esta ciudad es un monstruo devorador y peludo que se esconde en las esquinas robándose los pocos minutos que tiene el día.
Tengo que hacerles una pública confesión que necesitaba tiempo madurar: desde que supe que estaba embarazada tuve un miedo constante. El miedo más tonto de todos: El miedo de no estar embarazada. A pesar del hecho de no haber buscado formalmente un embarazo, de pronto el hecho de que no fuera cierto me llenó de una ansiedad inigualable. ¿Y si no estoy? ¿Y si estoy imaginándolo? ¿Y si mi pasa como a las gallinas? Es que simplemente no lo creía.
Les confieso, no me bastó el exámen casero ni las pruebas de sangre. Tampoco me convencía la ausencia de mi período por más de 3 meses. Es que estoy igualita. No me he caído aparatosamente al piso ni me he mareado como les pasa a las de las telenovelas. Tampoco me ha dado por atormentarle a mi marido para que me consiga "helado de aguacate" a las 12 de la noche. No lloro al ver los comerciales de pañales ni me atraganto de chocolates frente al televisor. Hasta experimenté una visita al departamento de maternidad del Macys a ver si se me despertaba el instinto; pero amigos: Nada de nada.

Yo, Pepa, que creo en los fantasmas, en los extraterrestres, en los shamanes, en el socialismo, en las brujas, en la ruda, en el hermanito gregorio, y en los cucos.... no creía estar embarazada!

Pero llegó el día en que creería y ése día llegó.

Después de casi dos horas de espera en el hospital, entre comadrona, enfermeras y muchas parturientas, fuimos a la primera revisión médica. Entre el miedo de no entender del todo el lenguaje médico en Inglés y la ansiedad de estar sola en una situación de tanta vulnerabilidad pasé inyecciones, vacunas y otros exámenes femeniles non-gratos. Por último acercaron una máquina con un monitor grande (el ecosonograma) y todavía el gel que habían puesto en mi vientre no se había disuelto del todo cuando... LO VI. Lo ví antes que la doctora, lo vi primero, nítidamente, perfecto y sereno. Vi a mi hijo. De pronto CREI y rompí en un llanto que solo puedo comparar con la fuerza de un caudal de agua que estuvo retenido y ahora es liberado de un solo golpe. Fueron 3 o 4 segundos en los que creí y en los que tomé plena conciencia de que mi vida cambiaría para siempre.
Y ahora qué? A seguir creyendo.
Escrito por: MJose
Pende de mi mochila azul de colegiala un osito plástico y amarillo con cadena de llavero y cara de bueno. En su panza lleva una pequeña pantalla como la de un reloj digital.
Esta pequeña ventanita está dividida en varias secciones: Diario, Semanario, Meses, Horas y la fecha y hora de hoy.
No es un reloj convencional. Es un ingenioso adminículo de la tecnología que calcula mi exacto tiempo de embarazo además de los días y horas que faltan para aquel día. (Algo muy parecido a una mascota virtual... lo que me faltaba!)
Dicho aparatejo además tocará una digital canción de cuna unas cuantas horas antes de la la hora del parto en caso de que la futura madre llegara a olvidarse de dar a luz.
¡Cómo si necesitara que me lo recordaran!
Mi masoquismo de saber los días y las horas ha superado a la acidez, a los cambios de humor, las reflexiones existenciales, al dolor de cabeza y a todos aquellos achaques que por respecto a la audiencia masculina no enumeraré.
¿Por qué lo llevo conmigo entonces?
En realidad fue un tierno regalo de mi cuñada (madre de trillizos... tema para otro blog) que en su afán de transmitirme su disfrute por las "mieles de la maternidad" me sorprendió un día con tal original regalo.
¿Saben qué es lo más curioso de todo? Que de alguna manera que no puedo explicar este "ositocuentadías" me está llegando a gustar. :)
Oficialmente empezó el otoño. Los rostros y trajes de la ciudad han cambiado por completo. Las sandalias de dedito por las botas charoladas, los vestidos de verano por los suéteres oscuros y las pieles bronceadas por pieles artificiales.
Yo no soy la excepción. También soy parte del otoño. Me usta el otoño.
Sin embargo, las vitrinas y escaparates parecen competir con el clima en un juego anacrónico que aún no logro descifrar.
Cuando ese calor newyorkino parece ahorcarte con sus tentáculos, las felices y enguantadas maniquíes lucen los abrigos más suntuosos, y, cuando tus pestañas pueden congelarse por el frío ensordecedor ellas gozan con sus ligeras falditas primaverales.
¿Es que no podemos esperar para vivir sencillamente el presente?
Hoy tuve que desabotornarme el primer botón de mi pantalón. Estoy engordando.
Me dije a mi misma: "Ya quiero que me crezca de una buena vez!" (Ref: La barriga)
Se preguntarán: ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro?
Pienso que el fenómeno natural que experimenta mi cuerpo se dará con la misma lentitud y sabiduría como vienen y van las estaciones.
No hay poder humano que lo adelante y moda que lo soporte.
Pronto tendré que visitar las tiendas de maternidad y me pregunto:
¿En qué estación estarán las vitrinas de las futuras mamás?
Escrito por: MJose
Me encontraba en la recepción del "Mount Sinai", el hospital donde decidí que daría a luz. (Lo escogí por la razón más trivial: Está frente al parque central y desde sus ventanales se ve el parque como si fuera una pintura impresionista.)
Mientras esperaba que un malencarado recepcionista llamara al numero 44 que era el que me tocaba hice amistad con una mujer. Media hispana, media gringa, media joven, media vieja, con facha de pandillera y ropa de reguetonera del Spanish Harlem adornada con una barriga de 7 meses. Noté que llevaba en su pecho una plaquita con la imagen de un hombre moreno de mediana edad. Por supuesto, no pude evitar preguntarle de qué se trataba tan interesante tributo a un hombre que, a las claras se veía que no era el cantante famoso.
Me dijo: "Mira chica que hace un mes me lo mataron las gangas (las pandillas)".
Me contó que nunca pudo contarle que tendrían un varón y que desde entonces dedicaría su vida a evitar que el pequeño Marvin fuera parte del mundo que acabó con su padre.
De pronto llamaron al número 44 y tuve que irme casi sin decir adiós. No vi más a Patricia quizá nunca más lo vuelva a hacer pero su historia se quedó aquí conmigo.
¿y ahora qué? Ya veremos mañana...
Escrito por: MJose
En una ciudad tan hostil como ésta, hay momentos en los que es inevitable sentirse solo en un mar de seres de todos los colores y todas las razas. Hoy más que nunca las extraño... a la que me hace reir, a la que me consuela, con la que filosofamos, con la que hablamos de lo trivial, con la que comemos chocolate, con la que nos confesamos... a veces son diferentes y otras son todas en una. Son mis amigas. Ahora que mis hormonas están todas alborotadas por este "nuevo estado", el estrógeno que me sobra hace que las añore cada vez más. Aunque no están conmigo las siento a mi lado. Este blog es un homenaje a aquella cadena de eslabones fuertes que constituyen las mujeres en mi vida.. mis amigas.
Categoría: General
Escrito por: MOquendo
A partir del 17 de octubre de 2006, "Desde mi Visión" tendrá un segmento semanal de nutrición.
Abrimos éste espacio para que pongas tus sugerencias y temas a tratar en el programa. Espero tu participación.
Michelle Oquendo Sánchez

02/10: Mayo 2007

Es oficial... Mayo 4 del 2007. Será Tauro como su padre Francisco, como su tía Sara (mi mejor amiga quien me convenció que hiciera el blog para que la mantuviera al día) y su abuelo Marco.
Ayer fui a mi primera cita medica y hoy no fui a trabajar. Fisicamente parece que no hubiera pasado nada, sigo siendo la misma pero emocionalmente no.
¿Saben cuántas preñaditas encontré hoy en la calle, en las tiendas y en el metro? SIETE, sí siete! Parece como si de pronto todas las mujeres de NY no estuvieran gordas sino embarazadas. ¿Dónde estaban? ¿O es que nunca las miré? Quizá como nunca me miré a mi misma así. Les confieso algo: enfrentarme a este nuevo estado es casi tan intimidante como publicarlo en este blog. ¿Y ahora qué? Pues ya veremos mañana. Buenas noches
Categoría: General
Escrito por: MOquendo
Hace algo menos de 2 años decidí cambiar de profesión, dejar mi familia, amigos, departamento, mi ciudad y todo lo conocido hasta mis 28 años por seguirle al amor que vivía en Nueva York.

Justo cuando pensé que empezaba a entender el ruido, las calles, el tren, la gente y la locura de este cambio, la vida me sorprendió otra vez. Estaba embarazada. ¿Qué hacer? ¿Cómo explicarle a esta cabeza lo que sucede? ¿Cómo entender tanto en tan poco tiempo? ¿Qué tiene que ver este BLOG con todo esto?

Quizá sea justamente eso lo que necesite… ventilar mis monólogos ante ustedes en el afán de responderme lo que sola no puedo hacer.

Hasta mañana con todos!

Pepa

Categoría: Adicciones
Escrito por: MOquendo
Todos los lunes a partir de las 16:10, el programa “Desde mi Visión”, tiene un segmento que habla sobre las adicciones.
¿Adicciones a qué? Al tabaco, al alcohol, a las drogas, al trabajo, a una persona, etc.

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