Carlos Rubira Infante:

A todas aquellas personas que gusten de la Música de Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, o han escuchado ‘Chica Linda’ o ‘Guayaquileño, madera de guerrero’ saben de quién se trata, y si no, bueno aqui les diremos quién es este SEÑOR.

Guayaquileño nacido el 16 septiembre 1921, profesión Compositor.

A los veinte años de edad ya era conocido por sus interpretaciones musicales públicas. La primera oportunidad para difundir más ampliamente su repertorio la tuvo en el programa "La hora agrícola", transmitido por Radio El Telégrafo, en la cual actuaban destacados intérpretes de música ecuatoriana de aquella época. Rubira Infante intervino cantando sus propias composiciones y acompañándose de su guitarra. Por aquellos días se vinculó con Gonzalo Vera Santos*. Con él formó el dúo Vera Santos*-Rubira, que comenzó a ser favorito en los programas radiales de Guayaquil.

También cantó con Olimpo Cárdenas*, con quien formó el dúo "Los Porteños", que realizó una serie de presentaciones en Guayaquil y otras ciudades del país, culminando con la grabación del pasillo En las lejanías, cuyo disco fue uno de los primeros que se fabricaron en el Ecuador. Carlos Rubira Infante marcó los primeros pasos de algunos famosos intérpretes ecuatorianos; aparte de Olimpo Cárdenas se cuentan entre sus discípulos: Pepe Jaramillo y su hermano Julio*. Entre sus composiciones de música popular citamos las siguientes: En las lejanías, Esposa, Por qué ,Quiero verte madre, Quedas tranquila, El cartero (pasillos); Ambato tierra de flores, Chica linda, Playita mía (pasacalles); Lo mejor de mi tierra (sanjuán), Pedazo de bandido (aire típico), El bautizo (albazo), etc. (Bibliografía : Carlos Rubira Infante: 12 canciones, letras y partituras. Guayaquil: SADRAM, 1978).


Carlos Rubira
Foto Pertenece a El Comercio


Entrevista Realizada por Bertha Díaz. Redactora Guayaquil, que bien vale la pena ser leida para ver la grandeza de este sencillo hombre:

¿Y esta historia cómo empezó, don Carlos?

Si se refiere a mi historia musical empezó con mi nacimiento, en 1921, en un barrio pobre de mi Guayaquil. Y digo que ahí empezó la historia, porque mi mamá me decía que la música nació conmigo. Creo que no se equivocó, porque ha sido mi compañera de todo este trayecto.

¿Recuerda la primera canción que compuso?

Me acuerdo de cancioncitas que hice de muy niño, pero casi jugando. En realidad, las cosas no cambiaron mucho con el tiempo (risas). Pero creo que mi primera canción fue: ‘A mi madre’.

¿Cómo surgió?

Mi madre y yo tuvimos un disgusto. Yo tenía 14 años. Cuando estuve lejos de ella, me sentí desolado y fue que compuse la canción. Regresé a casa a buscarla, le canté y luego la abracé fuertemente. Ese día lloramos.

¿Entonces esa debe ser su canción amada o al menos una de sus preferidas?

No. Mi canción más querida era mi madre. Ella de por sí era una canción. ¡Si la hubiera conocido! Ella fue un ejemplo. Nos quedamos huérfanos de padre, mis hermanos y yo, y ella nos sacó adelante. Era bella, siempre estaba con una sonrisa. Nunca se quejaba.

¿De ella heredó el espíritu luchador, ese que ha demostrado en la música?

Claro, ¡ni un paso atrás en la vida! A veces, cuando tambaleaba, me decía a mí mismo: ¡cómo voy a retroceder! Recordaba el rostro de mi madre y cogía la guitarra. Ahí me sentía tan feliz, porque me daba cuenta de que tenía a mi mamá y a mi música. Era una bendición.

La sensibilidad es su norte

Puede ser. No le voy a negar que me he conmovido con el dolor de la gente de todo mi Ecuador, su melancolía... por eso es que le he compuesto a la gente de todas las provincias, pero más allá de ser un tipo sensible, soy un luchador.

¿Como el ‘Guayaquileño, madera de guerrero’, el pasillo de su autoría?

Claro, ese mismo, es que así es el hombre de mi ciudad. No se quiebra ante el dolor, es un hombre luchador, fuerte. Por ahí, Rafael Guerrero Valenzuela (fundador de CRE) pensaba que era para él la canción (risas), pero es para todos los guayaquileños.

Ahora, cuénteme del programa ‘La hora agrícola’.

¡Ay! ‘La hora agrícola’, qué bonito recuerdo. Usted me la nombra y a mí me parece que fuera ayer, cuando ya han pasado más de 60 años. Ese programa era transmitido por Radio El Telégrafo, y fue allí donde por primera vez canté mis composiciones.

¿En esa misma época conoció a Olimpo Cárdenas?

Eso fue un poco después. La anécdota con Olimpo es bonita. Una vez yo pasaba por donde él estaba y lo escuché cantando, tarareando algo más bien. Y le dije: muchacho, ¿qué estás cantando? Y él me respondió: una canción popular por ahí no más... Le dije que cantaba bien y lo animé a que viniera a visitarme para escucharlo. De ahí se formó una bonita amistad y también el dúo Los Porteños, con el que viajamos mucho, llevando nuestra música.

Y a Julio Jaramillo, ¿cómo lo conoció?

Yo al que conocí antes fue a Pepe, su hermano. Y cada vez que lo visitaba o nos veíamos porque teníamos conciertos, Julio, que era jovencito todavía, rondaba por ahí cantando. Yo le decía a Pepe: tu hermano canta bien; y él respondía: ¡qué va, cómo vas a decir eso! Este muchachito insiste en que quiere cantar... Y lo callaba.

¿Cómo fue que se animó a cantar JJ? ¿Usted tuvo algo que ver en esa decisión?

A mí me desesperaba que ese chico no esté ya en el ruedo artístico. Tuve que esperar a que Pepe se fuera de viaje, para hablar con Julio y fue ahí que le pregunté: ¿muchacho, en serio tú quieres cantar? Me dijo que sí. Y le dije, entonces tienes que hacerlo. De ahí fue que empezó en el oficio. Le presenté a algunas personas importantes del medio y las puertas se le fueron abriendo. Yo no hice nada, todo lo hizo su talento.

¿Sentía emoción al oír cantar sus composiciones?

Claro, muchísimo, porque él era un gran intérprete. Pero también me emociona escuchar a la gente común cantando mis temas. O a personas con talento que vienen a buscarme a la casa porque me ha conocido previamente por mi música y la interpretan. Como estos dos chicos que usted ve aquí (señala a los jóvenes presentes, con los que ha cantado varias canciones, entre pregunta y pregunta durante la tarde).

Sus nuevos pupilos...

No diga eso. Estos muchachos son amigos míos, como lo fueron Julio, Olimpo y muchos otros. Cómo voy a creerme que yo los formo, si ellos solitos hacen todo. No me voy a llevar los méritos de nadie. Ellos vienen a cantar conmigo e intercambiamos conocimientos, y también charlas o un traguito... pero de cola no más, porque ya no bebo (risas).

Se le nota satisfecho de lo que ha logrado. ¿Siente que aún la vida tiene alguna deuda pendiente con usted?

Sí, estoy satisfecho, contento. Lo que pido siempre a la vida es que me deje disfrutarla. Soy un amante de ella, lo que no significa que tenga miedo a la muerte. Siento que he dado bastante, que he compuesto muchísimas canciones y que no tengo deudas pendientes ni ella conmigo. Si ella me lo permite, yo no me resiento si la vida me deja seguir dándole la lucha un tiempo más.


Guayaquileño madera de guerrero, Version Jazz




Tomado de: Rubira Infante Carlos y A Carlos Rubira, el trovador porteño, siempre le inspiró el país