Poseso:
La preparación psicológica requerida por Obe para lanzarse con furia hacia una escalada prodigiosa, en la época más dura en la montañas, es decir en invierno, y además en solitario, constituía en sí misma una nimiedad para un se cuya infancia fue parte intrínseca de la salvaje Natura con todo su rigor, se crió en medio de un bosque de eucaliptos, pinos, chirimoyas, pico-pico, limones, etc.

Siempre fue con su progenitor hacia las encumbradas lomas de la cordillera arcaica llamada Los Riscos de la Locura, en donde los amplios y gélidos pajonales forjaron su carácter indómito y solitario, además que en esos lugares empezó a vislumbrar al inveterado Dark en sus recorridos para inmunizar la faz de Gea de los bípedos depredadores. Aquellas visiones nunca fueron denunciadas por su padre como alucinaciones, sino mas bien se constituyó en un secreto de amigos que ha ido creciendo con el pasar de los siglos.

¿Invernal? ¿En solitario? Al puro estilo de Reinhold Messner, bípedo trepador y empedernido, que siempre buscó sus propios límites. Esta sombría idea era ya un glíglico mandato en su tormentoso cerebro, tenía que intentar visitar la Zona de La Muerte, escalando en su traje de bípedo el majestuoso Horcón, el pico más temible de la cordillera Los Riscos de la Locura.
Mientras craneaba el cómo escapar de sus tareas de humano, de las reglas de la cosificada sociedad de bípedos depredadores, del incesante estudio en el Centro Superior de Borregos llamado Universidad. Obe trepaba al árbol en donde aquel Gas se metió en sus pupilas, y desde donde podía contemplar el universo de los gatos que regidos por su rey Melkor de Esargoth, maquinaban por tomar el control del bosque que era compartido por un sinnúmero de seres, algunos conocidos por los humanos y muchos otros totalmente vedados para los “cuerdos” que dominan el planeta. Obe se repetía como a latigazos “soy lo suficientemente cuerdo como para permitirme la locura”

Los planes de Obe no resultaron, sus intensas prácticas de vuelo junto a legendarios dragones y a compañeros novatos, estaban por culminar, y con ello se aproximaba la guerra. Los intensos sueños postraban a Obe en su lecho durante días enteros, era incapaz de terminar de ponerse una media, pues veía tarea imposible calzar una media de humano en una zarpa de dragón. Cada movimiento implicaba una concentración infinita, su red neuronal trabajaba incansablemente por mantener las funciones básicas del cuerpo y por analizar los videos de cada vuelo del dragón. Cuando vencía su postración, el mundo humano le recordaba sus tareas. Para cuando sus estudios borreguiles terminaron, Obe ya era Kantoborgy, el dragón encarnado en la conflictiva y degradable funda pscicobiológica.
En el mundo draconiano la guerra había empezado, los abejorros se han tomado descaradamente el reino de Doña Globoris de Panka esposa del rey de el mundo saponáceo llamado Ranka el Benevolente. Su reino estaba siendo arrasado por los abejorros y sus guerreros tántalos y libélulas que eran despiadados, seres alados , aves descarnadas que punzaban al ejército de Ranka con ingentes cantidades de ácido fórmico. Tan numeroso era el ejercito de abejorros que barrían los inconmensurable s pajonales de las Voladoras donde estaba el reino de Doña Globoris, que parecían los neutrinos que cruzan a Gea como a mantequilla.

Kantoborgy por mandato de Dark tuvo que comandar un escuadrón de dragones, su objetivo era liberar los pajonales de las Voladoras, de tan feroz y desigual guerra. Esta orden implicaba la postración de Obe.
No es el tiempo para hablar de las feroces batallas, solo debemos saber que Kantoborgy cayó prisionero y fue sepultado en un descomunal hexágono hecho de dura cera, que su fuego draconiano no derretía. Los monstruos que custodiaban su celda eran seres productores del más terrible ácido, tan fuerte que probablemente hubiese perforado las escamas de un dragón joven como Kantoborgy.
Pero el porqué fue capturado Kantoborgy, es el tema que nos atañe, y es que este pícaro se descuidó en plena batalla aérea, porque creyó ver una hermosa dragona en aprietos cuyo séquito de doncellas entonaban terribles canciones que atolondraron a Kantoborgy. Los gritos de advertencia de Dark, que rasgaron la atmósfera como truenos antediluvianos llegaron a oídos de Kantoborgy como el golpe de un tsunami, Dark decía que simplemente era una alucinación de Obe , demasiado tarde la advertencia, Kantoborgy fue tras ella. El invisible rostro de la dragoncilla armó toda una red neuronal paralela en su cerecate, las nuevas sinápsis con sus dendritas extremadamente fuertes, se convirtieron en un entramado de información que ni Obe ni Kantoborgy podían asimilar y peor controlar.
Obe en su despertar sintió como el gran Borges tenía razón al decir que somos universos UNO, miles de seres mezclados en una instancia cerébrica innombrable.
La postración se veía venir, la única salida era fugarse hacia las montañas solo con algún loco amigo, de esos ya que no se consiguen, porque están en extinción; o mejor escapar solo, a las montañas o lagunas como lo hacía en su infancia.

Al incorporarse en sus dos patas traseras, para ir en pos de su mochila Rubirosa y meter allí todos los tereques del montañero, de reojo miró el espejo, siempre lo hacía al despertar de su soporosos sueños, pues le aterraba verse como humano y haber perdido su caparazón draconiano, pero esta vez sus ojos estaban rojos color rubí y todo lo miraba caleidoscópicamente mas bien estrambóticamente. Su padre no lo notó, aunque Obe temía ser tratado como hicieron con Gregor Samsa, no fue así. De todas formas de a poco sus rasgos draconianos fueron desapareciendo lo cual no era de su agrado.
Le carcomía el cerecate la imagen renderizada por la red neuronal paralela, la princesa dragón no lo dejaba en paz. No pudo terminar de armar su Rubirosa, y mientras perdía el tiempo, el cansancio se apoderaba de él, la postración era inminente, de seguro Kantoborgy tenía que escapar para lo cual Obe debía dormir como Derviche eso sí implorando a las montañas que lo libren de las temibles Ifrits que podrían apoderarse de su instancia orgánica.

Entre tanta indecisión llegó el Roscón Bollón, un amigo no montañero pero si amante del silicio, y vino a proponerle una empresa que produciría mucho dinero, pero había que viajar hacia las bajeras de la cordillera, siguiendo los contrafuertes costeros. Asunto preocupante esto de bajar a la manigua, pues Obe era un ser de las alturas, y Kantoborgy un dragón de las nieves, así que el calor de seguro terminaría con su locura. Roscón era una rara especie de Mancha Catamayina, y también era practicante de vuelo draconiano, almenos Obe lo sabía.

Kantoborgy