Christian Oquendo:
Hace una década asistí a un seminario en la Universidad Andina. Allí el filósofo Bolívar Echeverría disertó acerca de ‘Barroco y Modernidad’. Su pensamiento puede darnos pistas para entender el devenir cultural del país. Su reciente fallecimiento en México ha sido un sacudón que ojalá nos haga discutir más sus ideas en el plano nacional.



Echeverría exploró las relaciones entre la cultura latinoamericana y el arte barroco. Lo barroco, que irrumpe en nuestro continente en el siglo 17, es “ornamentalista”, es decir, se centra en el efecto y busca superficialmente la experiencia. Es un arte “extravagante”, por retorcido, recargado, al punto de deformar la realidad. Es un arte “esotérico”: le plantea condicionantes al observador para tener acceso a la experiencia estética.

Para Echeverría, América manifestó el barroco de distintas formas. Es una forma expresiva que busca generar un orden artificial sobre los escombros de otro: da cuenta de la imposición europea sobre los vestigios del mundo precolombino.

El barroco se basa en un orden cerrado y jerárquico, que es coherente con las castas y divisiones étnicas que creó la Conquista. Desde esa perspectiva se usan la retórica e imágenes para desarrollar un discurso que refleja las segmentaciones sociales.

El barroco intenta superar el caos, pero reconoce el caos que combate. De esa forma evidencia las contradicciones históricas del nuevo mundo: la batalla entre la civilización y la barbarie, el progreso y el retraso.

En el barroco se buscaba hacer el bien, pero se reconocía que para hacerlo se podía hacer el mal. Esto aún se puede ver cuando mucha gente debe lidiar, negociar y coimear a la burocracia para obtener salud y justicia. Tal rasgo habla de la escala moral, llena de grises y limbos, que tenemos que sortear para sobrevivir.

El barroco propone que se use el lenguaje como juego, de manera gozosa. La poesía barroca expresa un número limitado de conceptos con gran cantidad de palabras y metáforas. Este aspecto está aún vigente y explica porque los ecuatorianos cuando escribimos lo hacemos con tantos rodeos y fórmulas de cortesía.


Escrito y autorizada su reproducción por Christian Oquendo Sanchez; publicado en Diario La Hora.