Christian Oquendo:
Fui a una de las librerías públicas más grandes de Toronto para escuchar un diálogo entre Margaret Atwood y el periodista Ian Brown. El tema del encuentro fue ‘Escribir en un tiempo de calamidades’.



Atwood es la escritora más publicada y reconocida de Canadá. Recibió el premio Booker en 2000, el galardón de mayor relevancia para la literatura inglesa, y en 2008 el Príncipe de Asturias.

Está coronada por una espesa melena de rizos canosos que parecen imitar su extensa producción al nivel de la poesía, el ensayo y la ficción. Su hablar es metódico: con cada palabra le gana terreno al silencio con una discreta obstinación. Tiene un sentido del humor puntual, que sorprende por su sencillez y capacidad para descolocar a su interlocutor.

En la charla se abordó el tema de la memoria, la forma en la que está inserta la escritura en la cotidianidad, la literatura como un pretexto para pensar el mundo y, claro, los lectores.

Respecto de la concepción de una historia sostuvo que prefiere, tal y como Homero lo hizo, comenzarla en la mitad de la acción, para después narrar el modo en que los personajes llegaron a ese momento; en otras palabras, aplica la noción de ‘in media res’.

Dijo ser renuente a escribir sobre la base de un plan o esbozo demasiado elaborado, porque termina por volverse rígido y generar confusión más que claridad. Lo que sí hace es dedicarle una ficha a cada uno de sus personajes, para darles un seguimiento.

Argumenta que lo que se escribe es como una partitura, signos en negro sobre una hoja de papel que serán leídos por alguien más.

Hay quienes descifran aquellas notas, el texto, con una comprensión ajustada a lo que quiso decir su creador. Otros se desvían de esas intenciones y generan una interpretación superior.

Una de sus preocupaciones es el futuro. Desde niña se identificó con Ebenezer Scrooge, el personaje de un ‘Cuento de Navidad’ de Dickens, quien se pregunta si es posible cambiar el futuro.

Ella piensa que sí y aludiendo al tema ambiental como parte del problema, dice que los niños de hoy que viven rodeados de cemento tienen un déficit de contacto con la naturaleza.

Escrito y autorizada su reproducción por Christian Oquendo Sanchez; publicado en Diario La Hora.