14/12: Efectos colaterales

Fueron tantas las victorias que se anotó el gobierno respecto de sus críticos en los medios, que eso devino en un caldo de cultivo que produjo un detractor político con dotes de comunicador profesional que sabe cómo atacar en pantalla. La cultura del espectáculo en la que vivimos reclamaba un contendor con alto perfil mediático para hacerle frente a un comunicador de la agresividad del Presidente.
El oficialismo ha insistido en que los medios de comunicación defienden un orden social desigual. Sus campañas de difusión tratan “exacerbar” las contradicciones sociales para obtener el apoyo que requieren de la población para las siguientes fases de su proyecto.
Este afán ahora tiene una respuesta cotidiana en medios de línea crítica que señalan que el Gobierno ha creado una elite auspiciada por el Estado con sueldos considerables, beneficiarios que equivalen sólo al 3 % de los ecuatorianos. Estamos moviéndonos de un orden social de privilegios a otro.
Que se haya pospuesto el primer debate acerca de la nueva Ley de Comunicación es otro indicador de que la batalla por la supremacía sobre el espacio público mediatizado no está ganada por el gobierno. Los aspectos polémicos del informe de la Comisión Especial se ramificaron en cuestionamientos a todo nivel que se han convertido en un dolor de cabeza para el oficialismo.
La comunicación no se manifiesta espontáneamente, sino que se requieren condiciones sociales, legales y políticas para que florezcan sus potencialidades. Las furibundas respuestas del Gobierno a los comentarios de Jorge Ortiz patentizan que la hegemonía sobre los medios ya no es más un derecho de la burguesía, sino de quienes controlan el Estado. La Revolución Ciudadana ha creado “industrias de la conciencia” similares a las del capital y las grandes corporaciones.
Escrito y autorizada su reproducción por Christian Oquendo; publicado en Diario La Hora.






















