26/11: Malagradecidos…

Tales análisis hablan, de un modo intencionalmente abstracto, de un Estado 'corrupto', 'incompetente', 'burocrático', en fin, cualquier calificativo para denostar su función social original.
Refieren al Estado como una entidad que no puede administrar la res publica porque sus vicios son enormes y su capacidad de gestión mínima. Pero ninguno de los analistas, peritos en bloquear al Estado, se remite a su fundación y organización. Y menos en el Ecuador donde la existencia de dicha institución es corta y ha respondido -sin ambages- a los grupos económicos y políticos que lo crearon luego de la travesía colonial.
El miedo a la historia que dilucida el devenir de nuestro Estado -un Estado oligárquico, según el insuperado estudio de Agustín Cueva- no tiene parangón. Por tanto es bueno, para estos alucinados, hablar del Estado en abstracto, sin considerar su estructura y sus vínculos con los grupos de presión de la política y la economía criollas.
Pero lo más terrible es que en su reducido espectro relacionan la condición política del Estado con el socialismo. Para la derecha más atrasada el Estado es una construcción socialista. Pareciera que en el capitalismo no hay Estado. Tal vez por eso el ultra liberalismo de fines del siglo XX comprimió las tareas estatales y privatizó las cuentas públicas en casi todos los países latinoamericanos.
¿Por qué caen en semejante alucinación los detractores del Estado? No es difícil advertir su filiación liberal 'concreta'… porque en plena época de cambios salen a proclamar, otra vez, la muerte del Estado.
Pues bien, las ideas que reclaman un Estado encargado realmente de manejar los asuntos públicos, es decir, de la comunidad social de cada nación, también buscan el afianzamiento de una institución que hasta hoy solo ha defendido los intereses particulares y nunca los intereses generales de la sociedad. El Estado ecuatoriano ha sido 'incompetente' con la res publica porque hizo prevalecer las instancias de la clase que lo tutelaba y desestimó sus deberes públicos.
Pedirle al Estado ecuatoriano que se responsabilice de su labor social no es volverlo un ente socialista de por sí. Los deberes públicos del Estado (capitalista) no tienen asomo de socialismo.
Pero la derecha no concibe que 'su' Estado atienda las demandas de las mayorías. Es decir, sigue creyendo en un Estado de clase, por eso, ¡vaya contradicción!, para ocultar su vileza política, inventa que el Estado que potencia lo público es un 'monstruo socialista'.
Si fueran un poquito más agudos deberían agradecer a quienes en vez de 'destruir' el Estado ecuatoriano, lo único que intentan es reformarlo para que funcione de acuerdo a principios de equidad social y regulación económica.
Carol Murillo Ruiz
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