Carol Murillo Ruiz:
Creo que la ingenuidad es la peor epidemia que sufre América Latina a inicios del siglo XXI. Y lo creo porque la actitud de los organismos internacionales ante el golpe de Estado cometido en Honduras -en junio pasado- al inicio fue de condena y movilización. Pero pronto bajó el tono y consintió que EE.UU. interviniera a través de la figura de la mediación confiada al Premio Nobel Óscar Arias y tutelada por la señora Hillary Clinton. Mediación sin resultado. Peor: ¡legitimó la capacidad de negociación política del presidente destituido (Zelaya) y la del dictador (Micheletti)!



Latinoamérica, al parecer, se lavó las manos y dejó que Honduras siga en honduras por la astucia de EE.UU. Porque al paso que vamos es ya notable que la potencia fue parte del golpe y lo quiere ser del contragolpe, es decir, quemar tiempo. Y así, cuando Zelaya regrese, solo lo haga para finalizar un par de días su periodo y convoque a elecciones. El ajedrez es nítido. Y tanto Arias cuanto Clinton saben jugar en una América Central subyugada por la transnacionalización de su economía y de su conciencia.

Pero la mayor expresión de ¿ingenuidad? es no enlazar el asunto de Honduras con las 7 bases militares norteamericanas negociadas con Colombia en su territorio. Un acto de soberanía colombiana, dicen. Sin embargo, en el mundo de hoy todo se cruza. Sea porque la globalización simuló la igualdad. Sea porque el principio de integración regional -como nunca- tiene visos de concreción política. Pero la ingenuidad aflora en los discursos individuales de los presidentes de Sudamérica cuando de separar hechos se trata. ¿Ingenuidad?

La dubitación o prudencia frente a las bases militares norteamericanas apostadas en Colombia no debería tener lugar a menos que Brasil, por ejemplo, tenga su propia estrategia regional y requiera de cierta ayuda de la potencia del norte. Lo central es que nunca vamos a crear un bloque regional sólido si supeditamos las relaciones bilaterales (de cada país) con EE.UU., y nos negamos la oportunidad y la necesidad de construir una región políticamente deliberante.

La gira de Uribe fue un claro ejemplo de dividir intereses y posiciones. La reunión de UNASUR fue premeditadamente fracturada con esa gira. Por eso la intervención de Chávez en Quito no fue inoportuna ni guerrerista. En política los tiempos y las acciones son claves para mover el escenario de los acontecimientos que tienen (o no) que suceder. Chávez hizo algo que no soporta la pantomima de lo políticamente correcto: no fue ingenuo y pidió que no fuéramos ingenuos. Si la ingenuidad ganó terreno en el caso Honduras, en el asunto Bases/Colombia/EE.UU. no hay espacio para el candor.

Las relaciones Ecuador-Colombia, rotas por la violencia que articula la política exterior militar colombiana, no puede ni debe desprenderse del nuevo tinglado que nos trae EE.UU.: 7 bases militares hincadas en Colombia. Eso no se llama soberanía (a la colombiana). Eso es control geopolítico y militar de nuestra región.

Y Colombia debería responder por su bilateralismo de guerra.

La reunión de Bariloche servirá para saber si otra vez la ingenuidad -de algunos- sigue siendo funcional al imperio.

Carol Murillo Ruiz

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