Carol Murillo Ruiz:
1. América Latina tuvo 5 Premios Nobel de literatura en el siglo XX: Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Octavio Paz.



Pero es en 1982 cuando Cien años de soledad confiere razones estilísticas y simbólicas -al jurado del Premio Nobel de la Academia Sueca- para fundarla como la novela/mundo latinoamericano. La obra vencía las pilastras más portentosas de la literatura universal. Es decir, Cien años de soledad erigió el mundo de América -América Latina- a través de una ficción: el "realismo mágico". El idioma ajeno, trocado con fuerza, se volvió poseso de América sin copiar las modas europeas y merecía, por tanto, un premio europeo.

¿Independencia literaria? Se dirá que García Márquez es un referente pero no el único. Cien años de soledad, la recreación de nuestro mundo a partir de las alucinaciones impactantes de Macondo y sus personajes, prefiguran un mundo independiente ¿literariamente hablando? y propio con una lengua que se nos viene intrusa cuando los otros -¿los dueños?- gritan que nos la obsequiaron, y por su virtud comprendimos su mundo y ordenamos el nuestro.

2. El castellano fue uno de los instrumentos de la colonización. Y, también, la herramienta indispensable en las urgencias semánticas de la emancipación a comienzos del siglo XIX.

Aprender y asumir el castellano supuso varios tránsitos para su consolidación en el cosmos colonial. La ordenación de todo: dioses, leyes, jerarquías, símbolos, institucionalidad, la ciudad colonial, el comercio, la norma escrituraria de un incipiente derecho, tornó operativa toda relación por injusta que fuera.

Trescientos años después (1809) la colonización había sentado bases para sujetar nuestra América.

Así, la intelectualidad extranjera escribió piezas para conjurar la razón histórica de la conquista, en un momento; y, la intelectualidad criolla trazó los avatares independentistas en el siglo XIX. Cada ocasión fue crucial para que el mapa escriturario resulte menos fastuoso.

Con las mismas palabras, pero con un sentido distinto, el castellano adaptado -no encarnado- de los colonizados, aplicó la resistencia cultural. Y aunque a fines del siglo XVIII la ilustración europea ya había trasladado a las colonias las teorías del contrato social (la razón política) y de la institucionalidad, los discursos de la resistencia tenían claros matices de subversión contra el irracional colonialismo español.

Lo que vino luego fueron manifiestos, panfletos y proclamas que, mutatis mutandis, hicieron imposible la paz colonizadora de antes.

3. Cuando escojo a Cien años de soledad como paraje literario que dio al castellano un giro de imágenes y conflictos atrapados en el espíritu de América, pienso en la mayoría de edad literaria/cultural que pretendió darnos la Academia Sueca del Premio Nobel europeo. Empero, nuestra edad se bate en los tiempos históricos de la lucha cultural y la desesperada búsqueda de la emancipación económica y política.

Doscientos años después -ahora- España apoya el pacto de Colombia y EE.UU. en su intención belicista sudamericana. ¡Cómo ha cambiado el Reino!

Quizás hoy solo cumplamos dos siglos de soledad. Quizás.


Carol Murillo Ruiz

Technorati Tags: