13/07: Ciudad sin ángel

Les dejo a los críticos literarios sopesar la obra de Adoum. Mis argumentos son los de un lector que encontró en las páginas de sus libros brillantez y sapiencia expresadas con un lenguaje finamente entrelazado. Algo humano, fundamental y sentido vibra en su escritura.
Hay tramos del periplo literario y ensayístico de Adoum con los que me identifico. Son nada más que sugerencias de un lector para otros lectores. De su poesía le tengo especial cariño a aquella joya engastada de luces melancólicas titulada “Recuerdo de la bella” y la meditación “El amor desenterrado”.
Como novelista Jorge Enrique me sorprendió con “Ciudad sin ángel”, que fue finalista del prestigioso concurso Rómulo Gallegos junto a una obra de Javier Marías. Esta novela puede ser vista al mismo tiempo como un ensayo filosófico, reflexión aguda acerca de las artes plásticas y testimonio de la fase dictatorial en la historia Latinoamericana; así como un entramado narrativo tejido con las sutiles filigranas afectivas que unen a un grupo personajes entre París y Quito.
Hay otros textos en los que Adoum se desplaza entre la poesía, la prosa y el tono que usamos cuando escribimos una carta para despedir a un amigo. Tal es el caso del discurso que elaboró para recibir una medalla a nombre de Julio Cortázar, quien había fallecido poco tiempo antes.
Adoum nos deja también una obra testimonial fascinante. En ella narra cómo encontró una voz poética propia después de colaborar junto a Neruda; su lectura simultánea en inglés y español del Ulises de Joyce en una buhardilla en Santiago cuando era buscado por la justicia dictatorial; y su encuentro con Octavio Paz en la India.
Adoum ya no está en la ciudad. Sin embargo el ángel permanecerá en las páginas de sus libros y en el corazón de este lector. Mis condolencias a Nicole y a su familia.
Christian Oquendo
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