Iván Vallejo:
Ecuador 4 - McKinley 2

Después de cinco jornadas extenuantes y largas hemos llegado al Campamento 4 del McKinley ubicado a 4300 m de altitud. El martes 9 de junio nos tomamos vacaciones para reponernos, hidratarnos, comer bien y prepararnos para el ataque a la cima directamente desde este campo, teniendo en cuenta que la mayoría de gente coloca un campamento más a 5200 m. Cuando comentamos nuestro plan a algunos de nuestros colegas aprueban la idea asegurándonos que será un very long day, de por lo menos 18 o 20 horas de jornada expuestos, sobre todo, al frío.



Esa tarde me comunico con Jacinto (Bonilla) y me hace caer en cuenta que al siguiente día, más o menos a la misma hora, juega Ecuador contra Argentina en el Estadio Olímpico Atahualpa por las eliminatorias.

Miércoles 10 de Junio

El despertador suena a las 4 de la mañana, me doy cinco minutos más hasta la siguiente alarma para quedarme un ratito adicional en la bolsa de dormir. A las 4 y cinco les animo a los chicos para levantarse y calentar el agua para desayunar. El cielo de la carpa está cubierto de escarcha, tapizado con unas estrellas chiquititas de hielo. Chequeo el termómetro y marca 14 grados bajo cero. Dios mío, y cuánto irá a hacer en la cima a cerca de 6.200 m.

A las seis y diez estamos listos, forrados de chaquetas, guantes y gorros; el cielo azul, completamente limpio, no puedo decir que el amanecer está precioso porque desde que llegamos nunca ha anochecido, por estas latitudes del mundo el día tiene veinticuatro horas de luz. A mis tres compañeros les pido que juntemos las manos, hago una oración, nos abrazamos antes de salir y nos deseamos mutuamente buena suerte. Una vez más reviso el termómetro: 20 bajo cero. Esto es lo que hay.

A pesar del centenar de montañistas que hay en este campamento por ahora somos los únicos en salir. Al frente nuestro nos queda una ladera empinada de setecientos metros de desnivel con nieve dura al inicio y con hielo cristal y transparente en la parte final. En medio de esta inmensidad es fácil perderse en las proporciones y el tamaño de la montaña, lo que ayer creíamos que lo resolveríamos en una hora nos toma el doble de tiempo para llegar hasta la arista a 5000 m de altitud. Ya encaramados allí el espectáculo es precioso, una buena parte de la Cordillera del Denali magníficamente expuesta, una oleada de picos enormes, macizos e imponentes, unidos entre ellos por una especie de carreteras de hielo que lentamente, haciendo curvas y recodos buscan su destino hacia el Pacífico. Pero la belleza de la arista nos cobra peaje con el viento que tenemos que aguantar y baja aún mas la temperatura, 22 bajo cero. Nos acurrucamos en medio de unas rocas, tomamos un poco de bebida que todavía está caliente, comemos un par de galletas y seguimos. Escalar por esa arista es un espectáculo precioso, como montando a caballo entre el glaciar Kahiltna y el glaciar Peters. Cuando volteo a ver para fotografiar el escenario me encuentro con la figura de mis tres amigos, de mis tres compañeros con quienes he armado este equipo inmejorable para este sueño de llegar cuatro ecuatorianos a la cima del McKinley.


McKinley 1 – Ecuador 0

A las diez de la mañana llegamos al sitio del Campamento 5 a 5200 m de altitud lugar que lo han bautizado como Nido de Cuervos, muy bien escogido porque aquí el viento deja de soplar y mejora la temperatura. Hacemos una segunda parada, más cómoda, con menos frío, más agüita y ahora pasas con almendras. Al frente nuestro otra montaña más por encarar. Este McKinley si que es bien grande. Cruzamos en diagonal una gran ladera que a la sazón todavía esta en sombra y vuelve a hacer frío, nos ilusiona llegar al Paso Denali porque allí nuevamente nos espera el sol. Pero cuando cruzamos el umbral entre la sombra y el sol nos recibe un vendaval cuyos remolinos de nieve nos castigan sin piedad en el cuerpo y en la cara, el sol no sirve de mucho o más bien casi nada, hace frío, mucho frío, todos nos acurrucamos, nos hacemos un ovillo y buscamos cobijo entre las rocas, no podemos hablar porque no nos escuchamos, la fiereza del viento impide todo, siento que los cristales de nieve se me cuelan por todo el cuerpo con esa sensación de ineptitud e impotencia. Marcador: McKinley 1 – Ecuador 0. Entre señas le digo a Diego que nos pongamos las chaquetas de pluma. Que inutilidad la mía para abrir la mochila con los guantes gordos; la nieve se mete en el interior, cala todo, los guantes de repuesto, las gafas de tormenta, la misma chaqueta. Con gran dificultad logro sacarla, el trámite para ponérmela se hace eterno, en el tiempo que me demoro para encontrar el túnel de la manga, toda mi espalda, incluyendo el cuello y la cabeza, quedan empapadas de cristales de nieve. Esto de contar con un buen equipo es maravilloso, ni nos hablamos siquiera, pero todos nos apoyamos moralmente. Doblados el lomo y castigados por el viento subimos por la ladera a veces de nieve otras veces de hielo. Yo solo miro los talones de las botas de Edi y piso en las huellas que él deja para mí. El sube, yo subo, nosotros subimos, poder conjugar ahora este verbo, de esta manera, tiene otro valor y otro sentido.


McKinley 2 – Ecuador 0

A la una de la tarde queda ante nosotros una nueva ladera. ¿Una más? A estas alturas del partido ya no sabemos cuanto mismo nos falta para alcanzar la cima, porque este McKinley está largísimo. ¿Donde mismo estará la cumbre? Revisamos el marcador: McKinley 2 – Ecuador 0. Todavía vamos perdiendo. Solamente nos queda subir, aguantar y esperar que el marcador se revierta.

A las tres de la tarde por fin llegamos al lugar que lo han llamado el Soccer Field (Campo de Fútbol) por el evidente gran espacio que hay allí. Que alivio, en la parte central de esa cancha imaginaria deja de soplar el viento y nos abandonamos a descansar aliviados y sin castigo. Nos queda una última pendiente, empinada, como para cerrar con broche de oro esta bellísima ascensión. Edi va por delante, yo subo pegado a Diego y ante la evidencia de poder llegar, por fin, a la cima, le manifiesto la inmensa felicidad que tengo de cumplir este sueño: haber conformado una expedición de ecuatorianos para escalar por las montañas del mundo. Y cómo no podía ser de otra manera, el McKinley se tenía guardada una carta más para el final. Cuando se termina la ladera !oh sorpresa! todavía no llegamos a la cumbre, hay que recorrer una arista muy finita que a ratos cuelga al vacío en uno de sus pasajes y para colmo el viento arrecia una vez más con la fiereza que le es intrínseca en estas altitudes. Nuevamente nos comunicamos en señas para avanzar y resolver juntos esa parte delicada. A ratos doblados y a ratos a gatas, medio inutilizados por el viento, avanzamos por esa especie de cuchilla de nieve. Por un momento me imagino que si un sacudón de esos te arrancaría de la arista no habría mucho chance de quedar con vida al rodar por esas laderas, más bien me aferro al piolet y seguimos avanzando.


Ecuador 4 – McKinley 2

Por fin logramos ver el punto más alto del Monte McKinley al alcance de nuestros pies. Amablemente mis tres compañeros me animan para que yo sea el primero en pisar la cima, me niego a hacerlo, y de la misma manera que les tomé las manos para rezar hace diez horas les pido que ahora nos las tomemos nuevamente para llegar los cuatro juntos a la cima del McKinley.

Avanzamos despacito, cuidándonos del viento. A las cuatro de la tarde Edison, Julio, Diego y este servidor llegamos a la cima de la montaña más alta de América del Norte, y sin duda una de las más frías del mundo, a 6.192 m de altitud con 25 grados bajo cero. Dejo escapar, y con mucho gusto, un montón de lágrimas cuando abrazo a cada uno de estos maravillosos compañeros en la cima de esta montaña y de este sueño: SOMOS ECUADOR, en las montañas del mundo.

Imaginariamente reviso una vez el marcador y compruebo que nosotros también hemos ganado: Ecuador 4 – McKinley 2.



A las cuatro de la tarde del miércoles 10 de junio a 25 grados bajo cero en la cima del Denali a 6.192 m.
SOMOS ECUADOR: Iván Vallejo, Julio Mesías, Edison Oña. La foto toma Diego Zurita.



Iván Vallejo Ricaurte
Expedicionario


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