Esta guitarra vieja que me acompaña:

Una de las canciones más lindas que he escuchado, y no es que me gusta la música chichera, pero esta letra es increible. El Comercio publico a manera de cuento como se compuso esta canción:

Pues sí, la historia de “esta guitarra vieja...” cae bien por la fiesta de la ciudad.

El autor de la letra –Hugo Moncayo- y el autor de la música –Carlos Guerra- fueron muy quiteños.

La canción se forjó un día de los años treinta en la casa número 954 de la quiteñísima calle de La Ronda.

Estuvieron presentes destacados personajes de Quito, entre ellos uno nacido –por cosas de la vida- en Nueva York.

Por lo tanto, ese bello aire típico puede figurar por los siglos de los siglos como “hecho en Quito, Ecuador, ras ras”.

Ese día en La Ronda

Carlos Guerra Paredes, quiteño nacido en 1896, empleado público y compositor, recibió ese día con una dosis de emoción y alegría, a sus invitados.
Básicamente, fueron los integrantes de la “jorga de La Ronda”.

Llegó primero y amistoso, Hugo Alemán Fierro, vecino, profesor, fundador del Partido Socialista, escritor. Hola.

Con su sonrisa eterna apareció otro intelectual; Augusto Arias Robalino, nacido en 1903, igualmente rondeño y “mejía”, periodista de Diario EL COMERCIO.

Luego, un “afuereño” –por no ser habitante de La Ronda- radiante de simpatía, Leo Rivas Iturralde, hombre de radio.

Y asomó, por cierto, Hugo Moncayo, amigo del dueño de casa, un intelectual cien por ciento. Y el invitado especial...


El joven “quiteño nacido en Nueva York”, Galo Plaza, había vuelto a Quito. Futbolista, torero y agricultor, era un invitado de todos los grupos de la ciudad. Y la “jorga de La Ronda” no se olvidó de él.

Con Remigio Guerra Paredes, hermano de Galo, también aficionado a la música y a las letras, se completó el grupo.

La vieja guitarra

La “jorga” no era abstemia pero sí muy mesurada. Lo de ese día no fue una farra quiteña. Fue una tarde de conversación, música y letras. La guitarra de Carlos Guerra fue el centro de atención. Carlos la había comprado de ocasión y ya no era nueva. Pero sonaba muy bien. Tanto que se ganó el cariño del músico aficionado.

-Pues... dediquemos una canción a esta vieja y linda guitarra -fue la propuesta.

Así sucedió. Guerra Paredes rasgó su ingenio musical y arrancó las primeras notas. Hugo Moncayo hizo lo suyo. Versos.

“Esta guitarra vieja que me acompaña tiene la pena amarga que me tortura, sabe por qué la estrella de la mañana siempre me encuentra solo con mi margura...

“Cuando pulsa mi mano su cuello fino y se agita en mis brazos que le aprisionan irrumpe en el silencio su dulce trino y el eco quejumbroso lejos entona...”.

-Esto sí merece un trago- propuso el siempre entusiasta Augusto Arias y en este caso el eco fue afirmativo. Ras ras.

“Anduvieron unidas en sus ternuras y enredada en sus cuerdas mi pena estaba y al impulso de mi alma que se agitaba rimaba con sus trinos mis marguras.

“La brisa juega inquieta con nuestra queja y el aire se conmueve de tanta pena y el corazón desgrana notas que suenan acompañado de esta guitarra vieja...

Al final, Moncayo pidió al resto que cada uno contribuya con un verso más. Leo Rivas tomó las notas que no perduraron.

Los autores

El cerebral Hugo Moncayo y y el inspirado “Viejo” Guerra fueron amigazos.

Juntos hicieron “Secretos”, dedicado a la esposa de Hugo Moncayo, doña Blanca Calle Solano de la Sala (ver anterior número de “Familia”), quien está hoy en los 102 años y nos proporcionó los detalles del nacimiento de “esta guitarra vieja”.

“Secretos” dice en su primer verso: ¡Serás como la sombra en el recio verano como la voz del mar en la estéril llanura traerás tibio para mi frente helada
y la caricia fresca para mi fiebre oculta!

Hugo Moncayo fue poeta, escritor pero sobre todo embajador en Francia, Argentina, Panamá, Bolivia y Colombia. Rector del Mejía, fundador del Grupo América y miembro de la Academia de Historia y de la Academia de la Lengua.

Guerra fue autor de una veintena de hermosas canciones entre ellas de “Esta pena mía” (la música) y tuvo diversos trabajos.

Pero “Esta guitarra vieja”, especialmente, contribuyó a perennizar sus nombres.

Fueron tan quiteños que Hugo Moncayo fue el autor, a los 27 años, de la evocación romántica “San Francisco de Quito” que termina diciendo:

“Tus cholas remilgadas viven policromías-tus lúbricas guitarras cantan coplas de amor.-Las piedras de tus calles saben galanterías...-Eres Quito, un poema de piedra y de color”. (JR)


Tomado de Ecos del Centenario

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