Raulmanla:
- El yugo permanente.

Cuando los españoles llegaron al Caribe y Sudamérica hace más de 500 años encontraron a los naturales libres aislados en la edad de la piedra pulimentada o Neolítico como fueron los habitantes en el Asia menor hace seis mil años y, asimismo, unos pocos pueblos organizados, dominados por los Incas, básicamente con el mismo sistema político metropolitano, el sistema de gobierno de poder monopólico absolutista de servidumbre y esclavitud.



La mayor tecnología militar, experiencia y agresividad de los ibéricos no fue tan necesario emplearlo contra los sorprendidos indígenas ante los barbudos jinetes, lo cual les permitió eliminar las élites locales o simplemente separarlas por los inmensos territorios vacíos de población que pasaron a ocuparlos a sus anchas como dioses mitológicos invitados a crear nuevas Españas.

Para empezar impusieron el régimen monárquico y cortesano de su Rey. En definitiva, para el pueblo, este cambio no significó nada, fue lo mismo de lo mismo, el mismo sistema político, la misma estructura social en general, sólo fue un cambio de membretes y atuendos personales cada vez menos bordados.

De todas formas, la conquista española estuvo acompañada de un gran aporte cultural como herederos que eran los peninsulares de las grandes culturas antiguas. Lo griego, romano, árabe, cristiano y judío se hizo presente en América para sincretizarse con las pequeñas culturas locales y del Africa negra, con lo cual se fue creando lo que hoy se conoce como la cultura latinoamericana, vasta en matices particulares desplegados en el área cultural más extensa del globo.

Nuestra independencia fue una guerra civil española entre las oligarquías criollas españolas -que habían encontrado nueva fortuna en tierras americanas y les convenía independizarse del lejano monarca español- contra la burocracia colonial leal a la metrópoli.

Una guerra de intereses, como todas, de las oligarquías entre los españoles de ambos hemisferios, a lo que se sumó la carga genética ibérica que siempre ha apuntado a la soberanía y la nación regionalista, tal cual es hoy toda España y toda Latinoamérica en el contexto cultural y político.

La oportunidad para hacerlo fue la crisis política de inicios del XIX de la monarquía española. Carlos III, rey progresista fue destronado por su propio hijo Fernando VII, rey absolutista, quien a su vez fue obligado a abdicar a favor de José Napoleón ante la invasión napoleónica, para luego recobrar el trono al terminar la guerra de la independencia de la Península y la derrota de Napoleón en Europa.

Fernando VII cometió el error histórico de abolir la Constitución española de 1812, promulgada por las Cortes de Cádiz, donde participaron Rocafuerte, Olmedo y Mejía, que marcaba el paso del abolutismo monárquico al constitucionalismo de un imperio de proyección hispanoamericana, algo que se perfilaba como el actual Commonwealth británico.

Desde el punto de vista de los derechos del pueblo o ciudadanía o sociedad civil, tanto la conquista como la independencia y el tiempo republicano han sido períodos de restauración del mismo sistema político de poder monopólico cortesano. El mismo régimen de la espada opresora del pueblo, del saqueo de sus bienes, del yugo contra su iniciativa creadora.

Ahora el Correa eufórico dice que el proyecto político del Gobierno constituye la segunda independencia del país. Será de la independencia de la democracia, luego del fraude de los votos nulos y en blanco con el que se conculca el derecho al voto efectivo de un millón de ecuatorianos (1 029 852 de votantes estafados impunemente) que lo inhabilita como presidente por más que ostente la dictadura. Será de la independencia de lo que la república tiene de ecuatoriana para virarnos al caciquismo venezolano o boliviano.

Lo único seguro es que a este paso antidemocrático no nos vamos a independizar de una nueva restauración empeorada del sistema político de poder monopólico, causa de la opresión, de la corrupción y de la pobreza del pueblo.

Hemos vivido durante 200 años en una falsa democracia, en una farsa republicana, en una falsa república, en una farsa democrática. Continuamos desde hace dos siglos metidos en el mismo engaño reiterado de todos los tiempos.

La única manera de salir de ese estado de enajenación social es continuar la lucha por lo alcanzable, por el invento de un sistema social criollo como todos, propio y nuestro conforme nuestras realidades naturales y sociales y no con ese sistema importado, extraño, anticuado y demagogo que se llama socialismo hecho para devorar la iniciativa ciudadana, acabar con el empleo y crear privilegios para los burócratas carreristas y poder para los pícaros más vagos.

Por la verdadera democracia, la república auténtica, que no puede ser otra que la II República, la del sistema social pluralista, la de las decisiones de-por-para todos mediante el consenso social en la que lo que cuenta es la verdadera participación del pueblo creativo y constructor mediante la selección de sus mejores hijos como delegados a una Asamblea pluralista de gobierno.

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Raulmanla. www.mov-sol.com / sol@mov-sol.com. Por la defensa de los derechos civiles y de la democracia cualitativa con las capacidades del pluralismo social.

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