01/05: Trampas de Trampas (56)

Una vez más, con votación declinante 80-60-50, con la mínima votación y con las justas para continuar, salvado por las juventudes infantes, los burócratas oportunistas, la orden disciplinaria a los militares de votar por su Jefe máximo y más dudas y mañas, como no podía ser de otra manera, ha triunfado el reinante sistema político de poder monopólico, causa de las lacras sociales de la opresión, la corrupcion y la pobreza.
Correa ha sido reelegido, por cuatro años, por un hilo, al límite, para repetir la Presidencia, para repetir los años tirados, y reasumir la difícil responsabilidad de resolver éstos problemas sociales ya que hasta ahora, pasados dos, no lo ha podido, ni los ha abordado. Los ha aplazado. No ha aprobado ningún año. Mal eterno estudiante. No ha sido aún Presidente.
Por qué tanta euforia alrededor de las urnas si la Presidencia es una responsabilidad mandataria en donde la autoridad hay que ganársela con capacidad. El poder es inservible, tal como cuando cualquier estudiante se presenta ante un examen. No usa la fuerza, ni nadie está jubiloso al entrar y al empezar con el papel en blanco delante de los ojos y el boli.
La sana alegría viene cuando pasan los nervios y se ha completado bien la prueba. Por eso Correa debería reservar sus brincos y piruetas hasta cuando cumpla el papel y el país le dé 20/20 para que pase cada año y a la historia.
La tal “revolución ciudadana” se ha descubierto como un maquinaria de fabricación de leyes por hora de un reloj parado, de aplaza-materias difíciles y complicadas como la del ejercicio presidencial y, ahora, hasta del tal implemento del SS21. Dos desafíos de ficción, aún sin respuesta coherente. Lógico.
Lo malo y peligroso es que las consecuencias de la negligencia o del festín político no se dejan esperar, más aún cuando las materias son importantes de antemano. El armamento voluminoso y discrecional para él, de carácter ideológico, constitucionalero, legalero, montado a rajatabla por el correismo, no funciona. No vale para crear realidades constructivas. Es inútil para crear valores. De todos modos, para eso ha sido montado el sistema depredador estatal.
Pero lo más, lo más bueno, es que el correismo no cala en la mayoría real de los ecuatorianos, que es la suma aritmética de los que no han votado por él, más, los que no le han apoyado al no participar en el timo electoral. Es decir, esa gran mayoría que la tildó en La Habana de sobrante nacional, que debería estar destinada, en el bien de su ego, a la “expulsión inquisidora” o a la “limpieza ideológica” ya que somos repelentes de profesar la nueva y aún secreta religión SS21 lavacerebros.
Pero lo más, lo más grave y serio, es que no crea realidades constructivas ya que es innegable, que el único y “gran logro” de la revolución ciudadana electoralista ha sido dividir el país en dos partes, en un empate técnico de confrontación que no augura victorias ni golazos para nadie por más que él se haya apropiado del balón.
La revolución ciudadana correista, intencionada o no, está hecha para despedazar el país: los correistas de la nomenclatura más sus huestes votantes y no hay más, contra la gran mayoría real ciudadana.
Es la guerra entre los que sueñan con el cuento del socialismo del siglo XXI (SS21) y, al otro lado, los que prefieren guardar el sentido común ante los peligros y riesgos escritos en la historia de las intenciones revolucionarias fracasadas en el muro de la realidad.
Es la batalla entre el correismo del reloj parado contra el reloj caminante del pueblo libre, constructivo, trabajador y pensante. Entre el sistema político monopólico de las tinieblas contra el sistema social del naciente sol.
Peor aún, el correismo es impotente para crear valores. Jamás los valores han nacido de las leyes ni de la pendiente cultural de la ignorancia-social. Al contrario, impone que la sociedad civil o pueblo continúe probando suerte y se esclavice en función de las necesidades de los apetitos devoradores del Estado manipulado por los intereses de grupos burocráticos, ideológicos o económicos-bancarios, generalmente asociados por los “intereses comunes grises” sinónimo de corrupción.
Con la característica euforia de la ignorancia-social que siempre al final nos lleva al desencanto popular y nunca al saludable arrepentimiento, menos aún al replanteo mental, una parte del pueblo votante ha escogido lo peor de lo peor y ha ganado, puesto que no había otra opción en el tablero político. Ni siquiera ha habido la oportunidad de demostrar dignidad ya que no había posibilidades ni de desperdiciarse, eligiendo ni lo mejor de lo peor.
Estamos en una situación triunfalista de enajenamiento social y la dignidad no cuenta según nuestro principio general de que sólo escogiendo lo mejor de lo mejor lograríamos el necesario cambio social. Lo mejor es aún como aquel sol madrugador que apenas se vislumbra entre las sombras de la noche, de esta noche que, a menos de la mitad de los ecuatorianos, se les empeña de que sea eterna.
Pero, lo importante para la mayoría viviente es no ahogarnos en la ficción correista porque tenemos el deber de encontrar una solución a la pobreza del país, que es una materia suspensa y obligatoria para todos, aunque sea con los múltiples retrasos que puedan devenir ya que la superviviencia tiene exigencias ineludibles y el don humano siempre ha reflotado cuando se dan las condiciones para liberar la sabiduría inutilizada, siempre salvadora en el agitado hecho impuesto de la ignorancia-social.
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Raulmanla. www.mov-sol.com / sol@mov-sol.com.
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