16/12: Trampas de Trampas (43)

El sistema político, la ficción falsa por la cual los políticos nos han hecho creen que tienen derechos supremos y el primero de ellos es sentirse y actuar como propietarios del país y hacer lo que se les ocurre o lo que les ordenan desde el interior o , peor aún, desde el exterior, no es más que una fábrica ilegítima de poder desequilibrante del sistema social.
El sistema organizado (empresas) o superorganismos sociales, característico de entidades homogéneas, con objetivos y recursos determinados que les permite crear, construir y existir en el medio, como todo lo real y verdadero, funciona gracias a que la inteligencia colectiva es superior a la suma de la inteligencias individuales.
Aunque la razón y el propósito sea constructivo, si la organización social sobrepasa los límites de su capacidad e irrumpe en los santuarios del poder -siempre ilegítimo- la inteligencia degeneraría y la entidad social dejaría de ser garantía de libertad y solidaridad (caso de la crisis financiera).
Existe la falsa creencia o falacia de que el Estado (gobiernos, partidocracia, burocracia institucional y empresarial estatal) es la mayor expresión de solidaridad de la sociedad civil y, como superorganismos, poseen la mayor capacidad y la mayor inteligencia colectiva.
Al contrario. El Estado, los gobiernos, la partidocracia, la burocracia institucional y lo empresarial estatal no son entes sociales. No pertenecen a lo social. Son organizaciones políticas. Se han transformado en entes extraños y contrarios al cuerpo social, toda vez que la hipótesis del contrato social es una ficción cuestionada e incumplida. El ámbito del Estado (gobiernos, etc.) es el del poder, el de la manipulación y de la especulación, no el de la organización racional o mental.
Todo lo que pertenece al ámbito del poder natural responde a los principios ancestrales de las realidades materiales y biológicas humanas, es decir, al de la fuerza bruta o al del más fuerte. Igualmente si la realidad mental se somete al ámbito del poder natural, todo lo creado por la mente -que es realidad sobrenatural- se desvirtúa, se enajena y responde a idénticos principios: al poder de la fuerza, que puede ser justificado si defensivo, o, al contrario político, esto es, ofensivo.
Eso es y es lo que significa poder. Poder es lo que somete, obliga. Cuando es natural construye o destruye, cuando es mental siempre destruye. El buen uso de la mente es disponer de capacidad y, la capacidad sólo es útil para construir. Si destruye, no es capacidad, es poder.
Tampoco el Estado (gobiernos, etc.) pueden presumir de mayor inteligencia colectiva si su condición está ligada al poder, que tiene naturaleza cuantitativa material, y no al desarrollo de la capacidad, que es de orden cualitativo y una necesidad fundamental que requiere, en forma imprescindible, una respuesta social que sólo lo puede dar la dinámica social.
Pero en la sociedad u “organización” política, como entidad heterogénea y subjetiva, la inteligencia colectiva es menor que la suma de las inteligencias individuales, por eso siempre, en conjunto, tenemos desacuerdos. Menos lo es, aún, al estar la función de gobierno en manos de una minoría cuantitativa de la inteligencia del todo-social, que responde a intereses particulares.
Entonces, la conclusión es que la inteligencia o sabiduría de la organización social como tal es superior a la de la sociedad en general y, es doblemente superior cualitativamente a la inteligencia del Estado (gobiernos, etc.).
Pero el sistema político esta ideado para que la ignorancia-social política domine la vida social y para hacerlo recurre al mayor poder posible, con lo cual la sabiduría o inteligencia-social se encuentra sometida a la fuerza y cada vez más, a la consecuente estupidez de la ignorancia-social del poder político que, en su espiral de poder pierde cada vez en inteligencia-social o, en otros términos, adquiere actitudes totalitaristas.
Por esta razón, los gobiernos han creado mediante la acción política la ficción falsa del Estado de “derecho”, como parapeto de poder para mantener la careta de su imagen y para controlar artificialmente y saquear a la sociedad civil.
Los grupos de gran capacidad financiera hacen política al utilizar a los gobiernos y, de ese modo, practicar actividades especulativas de poder económico que afectan el equilibrio social.
Los grupos de ambición de poder hacen política al manipular las necesidades del pueblo y, de ese modo, ganar acceso al servicio de las actividades especulativas de poder económico.
En el fondo la gran guerra de la humanidad no es una contienda de ideologías o clases sociales, sino una burda lucha entre la ignorancia-social, protagonizada por los batallones del poder especulativo político y financiero, contra la solvencia, riqueza y autoridad de la sabiduría-social que es el desarrollo cultural y económico de la capacidad mental humana.
Los culpables de la tragedia humana son todos aquellos actores que utilizan el sistema político y electoral y practican la política que otorga poder, aunque muchos se creen el cuento que la decisión es del pueblo y, si no hay resultados hay culpables para escoger, y de culpables hasta se acusa al propio pueblo por haberlos creido, votado y otorgado el poder.
En realidad el pueblo nunca es culpable, aunque se preste al juego político del engaño. Es sólo la víctima de los políticos y del poder creado por los políticos Son utilizados en el timo electoral que no es más que un contrato falso. La parte electora deposita un voto sin firma y bajo secreto, con lo cual se esfuma y pierde su condición de parte. La parte elegida, se “compromete” a nada, ofrece todo pero no presenta garantías ni desaparece, con lo cual se lleva todo.
El tal contrato falso se aplica inexorablemente y se otorga el poder supremo al “ganador”, todo absolutamente ilegítimo. La victoria es de la ignorancia-social. ¡Viva la ignorancia!
Cuándo acabaremos con esta parodia grotesca, aventura política de la humanidad.
Más reflexiones en la próxima entrega o www.mov-sol.com. Más pensamientos sobre estos temas en el libro “Claves, ficciones y realidades humanas” de Raulmanla, con descubrimientos intuitivos inéditos sobre las realidades sociales y humanas para entendernos mejor.
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