Rodrigo Montalvo:

Ficciones y realidades del contrato social.
El llamado contrato social, ficción política de un hipotético acuerdo permanente en los tiempos modernos fue "creado" para que un conjunto de ciudadanos seleccionados y elegidos por su capacidad apropiada se encarguen de la organización -por sentido común- de determinados servicios públicos necesarios para la seguridad y el desarrollo del bienestar de toda la ciudadanía e, igualmente, para velar por el mutuo respeto entre todos y castigar, según la ley, a aquellos que atropellen los derechos de los demás a fin de mantener la convivencia pacífica.

Para hacerlo real, el pueblo concede ciertas atribuciones de autoridad -no de ningún poder si cuentan con capacidad- para que los designados resuelvan de la mejor manera posible las necesidades y los problemas sociales y, de ese modo, según enuncia Hobbes, se cumpla con el principio básico y fundamental de la naturaleza humana: el instinto de conservación y supervivencia que es un derecho incontestable y incontrastable igual en todos los humanos.

De esta manera la sociedad civil o pueblo se autocontrolaría o autogobernaría rechazando los falsos postulados del derecho divino que proclamaba el abolutismo monárquico para postularse dueño y señor de todos los seres humanos que habían sido reducidos a la condición de vasallaje o esclavitud tal como si se tratasen de recursos animales o herramientas de explotación.

Sin embargo, este atentado de lesa humanidad que fue cometido por los regímenes antiguos y por los eclesiásticos inquisidores de la Edad Media, se ha reiterado y se ha mantenido en plena vigencia desde el momento en que los encargados de lo público violaron por la fuerza de facto de las dictaduras el contrato social usurpando el poder del pueblo al incumplir y transformar ilegítimamente su funcíón: de empleados encargados a proclamarse en gobierno dando lugar a las ficciones contractualistas (Locke) del poder del Estado en función del poder oligárquico y de cualquier gobierno usurpador.

Los designados o mandatarios para resolver los problemas sociales y velar por la convivencia, fueron los primeros atropelladores de los irrenunciables derechos de todos, declarándose gobiernos y renovando el estatus del antiguo régimen en un sistema alternativo neoautárquico que poco a poco se fue institucionalizando con ficciones de mentira, engaño, impunidad y falsa democracia y derecho para organizar el saqueo social legal ilegítimo en el parapeto llamado Estado.

El delito se llama política y la casta parasitaria que ha llevado a cabo este latrocinio social se denomina políticos, usufructuarios junto con los burócratas depredadores, cómplices y encubridores, quienes han ido creando las ficciones políticas: el Estado fachada, el derecho artificioso y las leyes falsas, cuyo objetivo primordial ha sido, es y será acumular poder político para monopolizar el control del Estado y asegurar el saqueo de los bienes públicos y privados, cuya consecuencia es a más poder más corrupción y más impunidad a su favor y, para el pueblo la opresión, la miseria y la pobreza generalizada.

Los pueblos de cultura y economía desarrollada resisten en buena forma este embate de poder aunque también se ven abocados a situaciones de crisis estructural a causa del monopolismo económico o capitalismo salvaje o especulador que actúa a título falso de la libertad y del capitalismo natural de mercado y, asimismo, del monopolismo político partidista izquierdista o derechista salvajes que actúa a título falso de la democracia, de la justicia o solidaridad social. Dos peligros letales que han colapsado en la tumba, pero la ambición les incomoda en el cementerio de sus víctimas.

Pero, la situación de los países débiles es insostenible y el resultado de ello es la desestibilización social permanente y el subdesarrollo crónico. Peor aún si, a más del mismo veneno, se propone resolverlo con ideologías políticas anacrónicas como el SS21 como mecanismo depredatorio de poder por el poder, puesto que el socialismo idealista fracasó con la caida del muro de Berlín y ahora sólo puede actuar como caballo de Troya de la estabilidad social.

Por creyentes de lo fácil, enardecidos, ignorantes ilusos y confiados emocionales, los pueblos son víctimas de la demagogia de los grupos políticos que pretenden el poder. Religiosamente, con extasis cívico, acuden y se someten abandonando la inteligencia natural al timo político de las urnas que funcionan como la tramoya de la burla y el desprecio a los ciudadanos, que claudican a todo a cambio real por ofrecimientos ilusorios sin exigir ninguna garantía.

Anteriormente la partidocracia, aunque inútil, fue bien conocida. Había integrantes honorables aunque la mayoría daba mucho que decir por su falta de independencia, capacidad y honestidad. Pero ahora el poder, el botón rojo de la opresión, de la corrupción y de la pobreza se encuenta a la mano del primer desconocido u oportunista que aparezca, y hasta da igual que no se sepan sus antecedentes o relaciones sospechosas o malhabidas y fácilmente se puede caer en manos de fanáticos, mafias y hasta de terroristas disfrazados de ovejas redentoras.

La negligencia o fatalismo ciudadano es tan grande que cree y hace todo lo que dicen para caer en la trampa y parece no darse cuenta de que una vez arrebatado el poder -derecho exclusivo, inalienable e irrenunciable del pueblo- todos se encuentran expuestos a la vorágine política que pone en peligro la libertad de acción del instinto de conservación y supervivencia de los seres humanos.

Nunca la política en el país ha llegado a crear tanto desorden nacional como el propulsado por el presente régimen y las fuerzas partidistas y burocráticas cómplices y encubridoras de la izquierda tardía que a título de SS21 aprovechan el sistema político agotado de la oligarquía corrupta para fortalecer su poder a costo de la desorganización constitucional, legal y jurídica, y la amenaza de la destrucción cultural y económica, cuya consistencia natural puede desequilibrarse y derrumbarse como un castillo de naipes. No cabe la menor duda que el sistema político actúa como el desequilibrador del sistema social y eso es más que grave.

En lugar de solucionadores de problemas sociales se han convertido los gobiernos monopólicos en creadores de conflictos sociales y destructores del país, y peor aún, el desate es persistente y el desafío desesperado a golpes de efecto internos y externos, lo cual aumenta la necesidad vana de fortalecer los logros de la ignorancia-social en el poder, fruto de la dictadura de la imagen del líder y la figura de las mayorías, ya que es el único argumento que defiende su supuesta legitimidad.

Ello explica por qué el regimen decidió fortalecer el frente del timo electoral con los jóvenes desde los 16 años, supuestamente lavados el cerebro con el fanatismo uniformado, devorador y alevoso del MPD. Además, de que con el hundimiento de los precios petroleros, al gobierno se le ha roto la cadena de la bicicleta y pronto la aventura del SS21 se quedará pedaleando en el vacío de la incapacidad e ilegitimidad de la ficción política por más votación que obtenga.

Si queremos reconstruir el contrato social para evitar que el gobierno y su pueblo sean su propios destructores y todos los demás sus víctimas, sería necesario crear un sistema de consenso social paritario, el único gobierno legítimo que puede existir, convocando a elecciones cualitativas en los sectores sociales constructivos a fin de que se seleccione y designe, en forma homogénea, a los mejores hijos de la patria para conformar una Asamblea Pluralista de gobierno, de autogobierno libre y natural del propio pueblo sujeto a las necesidades sociales y no a las necesidades políticas de golpes de efecto y manipulación de la ley para tratar de sostenerse en el limbo.

Es urgente para el pueblo constructivo la recuperación del derecho fundamental social del autogobierno. Eso se logrará en una democracia pluralista abierta consensual, no en su antitesis, el actual sistema político cerrado dictatorial y fanático, provocador del desequilibrio social permanente.

Más reflexiones en la próxima entrega o www.mov-sol.com. Más pensamientos sobre estos temas en el libro “Claves, ficciones y realidades humanas” de Raulmanla, con descubrimientos intuitivos inéditos sobre las realidades sociales y humanas para entendernos mejor.

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