Raulmanla:
- Las ficciones son creadas para soñar, no para creerlas realidad verdadera.

- La política es ficción y una falsedad innecesaria al hacerla supuesta realidad.


Como genio del lenguaje de las imágenes y bajo la premisa de que todo lo que se dice en la radio se lo cree la gente, en 1938, Orson Welles, el célebre director de cine, representó la obra de H.G. Wells “La guerra de los mundos” en una versión radiofónica tan realista, con interrupciones del programa, anuncios de publicidad, boletines noticiosos, gritos que provocó una gran conmoción y pánico entre los oyentes al creer que efectivamente estaban siendo invadidos por los marcianos.

Diez años más tarde Radio Quito transmitió una adaptación del mismo programa de ficción en la aún conventual capital andina. El efecto igualmente fue de conmoción y pánico, los quiteños se sintieron invadidos por extraterrestres y el susto del autoengaño sólo fue superado por su idiosincracia con rabiosa indignación. Turbas de enardecidos oyentes irrumpieron e incendiarion los estudios para acabar con los marcianófilos...a pesar de que los responsables lo habían advertido al comienzo que se trataba de una obra de ficción...algo que atrajo mucho al sonar a pecado mortal...

Quedó demostrado hace 70 años que la utilización de los medios tiene la capacidad de generar la credibilidad de una ficción o de una mentira y esta parte de la noticia no era desconcida por Julio César, Napoleón o Stalin o no tardó en llegar a los oidos de Hitler, Mussolini, Franco, Castro, Chávez, Correa y todos los demás...políticos adictos al discurso tramposo, al micrófono y al totalitarismo que, a sabiendas...o no...,que no sólo con la imaginación, sino asimismo con la mentira se crean ficciones.

Así, de algo que no-es, se cree que es, se convence que es real, se lo trata como verdad y...actúa como realidad verdadera; siendo todo totalmente falso, irreal y generalmente paranoico, lo cual se descubre siempre demasiado tarde, pero siempre es tan aceptado, tan aceptado como si el pueblo gozaría del derecho a ser engañado...

Parte de la ficción falsa es el denominado electoralismo. El famoso “derecho” al voto no-calificado, cuyo sistema “nos permite”... en forma obligada, amenazada y castigada... apoyar la farsa, luego de haberla confirmado efusivamente el 81 por ciento, que estabamos engañados, y actuaríamos en consecuencia al menos el 64 por ciento.

Entender la “sutileza” o la realidad de la política es fácil. Simplemente, cuando lea un texto donde diga “política” reemplácelo por su mejor sinónimo, la palabra “mentira” , así se reluce la implicación emocional e irracional a favor de lo crítico y racional.

Platón, hace más de dos mil años, decía que aquel que hace pasar el discurso o las imagenes aparentes como reales, falsea la verdad y es un mentiroso. Y cuando ese mentiroso es capaz de convencernos a todos de algo, ese algo se transforma en real y verdadero, aunque sean apariencias, entonces estamos hablando de política.

Platón al parecer no sospechaba de la existencia del mundo de la ficción o, si lo consideraba reservado para la política, no creía que el mundo de la política serviría también para falsear la verdad sin quedar en la impunidad, puesto que se suponía que la integridad del gobernante estaba en encontrar la verdad con la sabiduría, supuesto imposible del denominado pacto social monopolista, en realidad pacto político, que sólo sería otra ficción de utilidad y beneficio para la vanidad y el bolsillo de los políticos.

El mundo de la ficción existe para evitar el mal en el mundo de lo posible o para hacer el mal haciéndonos creer la existencia del paraiso. Los grandes cineastas son capaces de crear una realidad ficticia mediante el ejercicio de la imaginación, en la cual nos dejamos sumergir con toda voluntad cada vez que visitamos las salas de cine. Al salir, vivimos el encanto de la simulación y algo aprendemos, pero sabemos que todo ha sido una ficción, que nadie nos ha engañado ni ha tratado de mentirnos.

Sólo ha sido un esfuerzo artistico y financiero para ilustrarnos o divertirnos y todos contentos. Así Welles logró algo inconcebible, con la particularidad de la gente se lo creyó que era verdadero, se autoengañó y actuó como si sería real. Una supuesta realidad espantosa que, al negarla, no pasó de un buen susto.

El peligro está presente cuando nos ofrecen el paraiso. Caer en la trampa de los incautos. Según Sócrates, la peor ignorancia es la del que cree que sabe; la peor estupidez, la del incapaz de reconocer su propia ignorancia. La realidad mental desequilibrada por falta de formación y, las de control de las realidades biológicas y materiales es la causa de la aceptación de las ficciones o trampas emocionales.

A diferencia de la ficción imaginativa que tiene carácter lúdico, la ficción política genera la apariencia verdadera de una realidad falsa hecha para engañar que, por seducción, consentimiento y costumbre la hemos hecho parte real de nuestra existencia, pero al ser supuesta constituye un factor distorsionante de nuestras actividades creativas, y que finalmente es el preludio de las tragedias sociales al querer reemplazar nuestra realidad verdadera por su ficción falsa.

La política no es más que la ficción de una mentira recurrente adoptada como supuesta realidad verdadera permanente que se aprovecha de la comodidad del menor esfuerzo, la ignorancia latente y la inseguridad individual, por lo cual se ha montado un supuesto sistema de soluciones sociales llamado político que funciona inexorablemente alimentado con la propaganda de los políticos, usufructuarios y encargados de hechar leña y fuego a la realidad social.

Al constituir la política una simulación falsa no facilita el gobierno eficiente en los paises donde no hay equilibrio social y el pacto político (gobiernos monopolistas, Estado, elecciones) no es más que la parte operativa de la misma ficción falsa llamada cultura política que intenta sustituir nuestra realidad verdadera.

Las ficciones políticas han llegado a ser creidas en forma absoluta al punto de haberse materializado en gobiernos con instituciones inefables que engordan Estados; que multiplican burocracias doradas; que edifican gloriosos palacios, plazas, monumentos, héroes, libros, historia; que ofrecen mágicas candidaturas de superhombres, genios, constituciones y leyes...

...que nunca son lo que dicen que son... ni sirven para lo que dicen que hacen... y sólo obstaculizan el desarrollo natural de los pueblos. ¡Cómo la ficción política nos roba nuestro tiempo, riqueza y existencia!

La apología de lo absurdo es nuestra realidad falseada. La ficción política está anclada en nuestras vidas como basura contaminante de nuestra realidad verdadera: las capacidades creativas culturales y económicas naturales, en donde los individuos reales debemos realizarnos y encontramos la vida verdadera junto con la ficción de Dios, que protege el destino del hombre pensante cuando responde a la cultura y no al poder.

Para superar complejos de medio pelo y defender su objetivo de permanencia en el poder, el actual gobierno, clon monopolista recurrente de los anteriores, debe acudir a toda una serie de artimañias jurídicas falsificadas, y ni tan siquiera con ánimo de decente justificación como solía ser, sino como obligado por su falsedad a aplicar a rajatabla los principios característicos de la ficción política falsa.

La ficción política es, de hecho, la antidemocracia perfecta o totalitarismo: el gobierno de sí mismo, por sí mismo y para sí mismo en todo contexto. Es el secuestro de la soberanía popular “garantizada” con limosnas de cinismo igualmente fictivas como la Ley de participación ciudadana. El pueblo organizado está para gobernarse a sí mismo en cuerpo entero real y no por minorías de ficción.

Salir del círculo vicioso destructivo de la ficción política lo impone el cambio verdadero que significa el abandono de lo falso, del sistema político de gobierno; y, su sustitución por lo verdadero, el sistema social de gobierno, cuya característica esencial es la eliminación de la ficción del monopolismo politico de la democracia cuantitativa del voto del ego individual de las mayorías heterogéneas, cuyo sumatorio y producto es la elección y el gobierno de la ignorancia-social contra el todo social.

La única alternativa es la instauración del sentido común de todos, del realismo del pluralismo social de la democracia cualitativa del voto corporativo homogéneo de los sectores culturales y económicos, que constituye la realidad verdadera de todos.




Más reflexiones en la próxima entrega o www.mov-sol.com. Más pensamientos sobre estos temas en los libros “Hijos del tiempo” y “Claves, ficciones y realidades humanas” de Raulmanla, con descubrimientos intuitivos inéditos sobre las realidades sociales y humanas para entendernos mejor.

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