16/09: ¿Un gobierno honesto?

¿Es honesto un gobierno que avasalla la Constitución y las leyes y transforma el sistema jurídico en un instrumento para imponer su arbitraria voluntad? ¿Es honesto un gobierno que, utilizando un discurso aparentemente reivindicatorio, estimula prejuicios y resentimientos, divide a los gobernados y busca enfrentarlos en una lucha intransigente y violenta de impredecibles consecuencias?
¿Es honesto un gobierno que utiliza los mecanismos de la democracia, aun débil e imperfecta, para menoscabarla y destruirla? ¿Es honesto un gobierno que se ampara en el respaldo del pueblo, esperanzado en falaces ofertas de reparación y cambio, para reproducir los vicios -defensa de intereses particulares, violación del sistema jurídico, atropello a personas20e instituciones- que siempre hemos condenado? ¿Es honesto un gobierno que esconde un informe que demuestra la vigencia de las inmoralidades del pasado o que pretende imponer un proyecto constitucional fraguado en los oscuros rincones del poder, con artículos alterados y textos tramposamente incorporados a última hora por sus títeres cínicos y desvergonzados?
¿Es honesto un gobierno que derrocha los recursos del Estado -que pertenecen a todos y que deberían ser destinados a obras prioritarias de educación, vialidad, salud y vivienda- en una hostigante y millonaria campaña publicitaria dedicada a ensalzar sus actividades y a denigrar a sus críticos y adversarios? ¿Es honesto un gobierno que mancilla la autonomía universitaria y que, con aviesa y sinuosa intención, incita a la violencia, para pretender más tarde exculparse distorsionando la verdad, manipulando imágenes, mintiendo con desparpajo, estimulando enfrentamientos clasistas y, con delincuencial impunidad e irrespeto a su dignidad, haciendo hablar a una joven sordomuda?
¿Hasta cuándo seguiremos los ecuatorianos empleando eufemismos, nacidos de un justo anhelo de cambio, de resentimientos inconfesados o de complicidades interesadas, para negar lo indiscutible y no ver lo evidente? ¿Hasta cuándo aceptaremos la falacia y el engaño, la farsa y la manipulación? ¿Hasta cuándo toleraremos un discurso insidioso, insultante, cargado de rencor y maniqueísmo? ¿Hasta cuándo no comprendere mos que el proyecto de Constitución (contradictorio y ambiguo, que plantea un crecimiento inusual del Estado y una peligrosa concentración del poder) no es más que el instrumento para camuflar y ‘legitimar’ -burlesca y perversa paradoja que permite una democracia formal y endeble- la dictadura correísta?
Escrito por: Antonio Rodríguez Vicéns
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Pedro Berrazueta escribió: