Anne Malherbe:
Finalmente, Anne Malherbe, la esposa del candidato Rafael Correa habló. Su figura menuda y reservada contrasta con sus criterios firmes y precisos.

Anne Malherbe decidió abrir las puertas de su casa, mostrarse y hablar de sí misma, de su familia y de sus 14 años de matrimonio con Rafael Correa.

Entonces pasaron en seguidilla los periódicos, los programas de televisión y las revistas que tantas veces pidieron entrevistas durante la primera vuelta y que no las obtuvieron.

En los tiempos en que soplaban aires de triunfo, los cercanos a Rafael Correa se mostraron renuentes inclusive a pedírselo como un favor, porque era un tema que le molestaba.

Según decían, la pareja había decidido que ella no participaría en la campaña, que seguiría con su vida ocupándose de sus tres hijos y de su trabajo como profesora en el colegio La Condamine.

Su rutina no tenía por qué cambiar.

De hecho ahora insiste en que ella no será la Primera Dama, “porque no puede haber una mujer que sea más que las otras”.

¿Por qué el cambio tan repentino? ¿Una forma de balancear a la campaña de su oponente, en la que Annabella Azin, la esposa de Álvaro Noboa, jugó un papel importante?

¿Un medio para terminar con los rumores que crecían sobre ella y su pareja?

Anne Malherbe contesta, en un tono de absoluta tranquilidad, que si ella puede apoyar a su esposo así lo hace y ya.

Porque Rafael Correa en su carrera política está poniendo su vocación, esa idea que ha tenido desde que lo conoció, que es el servicio a su país.

Si tiene que cambiar más cosas, como dejar su trabajo para otras funciones, eso lo verá luego. Lo que no estima como una necesidad es la de nacionalizarse en el caso de que su esposo llegue a Carondelet.

Por el momento trata de que lo cotidiano cambie lo menos posible. Durante la primera vuelta acompañó con sus hijos al candidato presidencial en ciertos recorridos, para que los niños supieran qué es lo que estaba haciendo su padre.

Así ellos entenderían el porqué de las ausencias. No permitió en cambio que escucharan las cosas desagradables que sobre él se dijeron.


“Rafi” y “Anneke”

En la casa de “Rafi” y “Anneke”, como se llaman mutuamente de cariño, la sencillez y frescura están por todos lados.

Anne recibe a la prensa con una responsable de relaciones públicas y un camarógrafo boliviano –que siguió la campaña de Evo Morales–, encargado de filmar cada momento de las entrevistas.

En la pequeña sala-comedor –de una casa adosada de Monteserrín, un barrio de clase media de Quito– comparten el espacio los muebles con los juguetes de Miguel (cuatro años), el más pequeño de los Correa Malherbe.

“Miguelito”, como lo llaman todos, es un torbellino cargado de energía que no deja de saltar mientras entrevistan a su mamá. Sofía (12 años) y Anne Dominique (nueve años) son más discretas y pasan de vez en cuando para ayudar o posar para las fotos.

Anne Malherbe se somete con paciencia a la tortura de un amigo estilista francés, que la peina y la maquilla.

Un poco de base, rímel y labial, todo imperceptible, porque a diario no usa nada. Ella asegura que Rafael Correa sigue siendo el mismo hombre que conoció hace 15 años, “digno, profundo, idealista y con una capacidad de trabajo interminable, sólo que con 10 libras más”.

Esta belga de 37 años aún mantiene un cierto dejo del francés, pero su español es impecable.

Lo aprendió con su suegra cuando llegó al país recién casada, a los 24.
Norma Delgado le hablaba despacio para que aprendiera; después como profesora de natación de la Universidad San Francisco y profesora del colegio Menor lo perfeccionó.

“Con los niños se aprende muy rápido”. Ahora con sus hijos habla en francés –ellos estudian en La Condamine, un colegio binacional francoecuatoriano–, mientras que su padre les habla en español. Todos nacieron en Ecuador.

Para ella integrarse al país y vivir con una pareja de un lugar tan diferente al suyo no ha sido un problema “somos latinos, y vemos las cosas de manera muy parecidas”.

Claro que fue duro descubrir la pobreza en las calles, y a una sociedad tan compartimentada.
“Yo quisiera que mis hijos pudieran vivir en un país con más igualdad y justicia, por eso entiendo la lucha de Rafael. Aquí la gente tiende encerrarse y a vivir en sus círculos”.

Ella preferiría que sus hijos estuvieran en escuelas públicas donde hay diversidad.

Mezclas y apertura que buscó desde siempre. Por ello conoció y se enamoró de ese extranjero de un país tan distante, y terminó construyendo un hogar del otro lado del mundo.


El país de Correa

Anne conoció a Correa en la Universidad de Lovaina (Bélgica), donde ambos estaban en un campus multinacional.

Ella se preparaba para profesora de Educación Física y él hacía su maestría en Economía. Según cuentan en el video promocional de Correa, el flechazo fue mutuo, y desde entonces se convirtió en su compañera.

Tenían muchas cosas en común, por ejemplo, para ambos los scouts formaron parte fundamental de sus vidas.
En Estados Unidos, mientras el candidato de Alianza País estudiaba su doctorado ella daba clases a niños con discapacidades.

Para una persona de clase media europea le era difícil aceptar la idea de tener en casa personas a su servicio. Cuando tuvo a su tercer hijo, para poder trabajar (como profesora de segundo grado) tuvo que ceder.

Ahora la señora Carmita Oñate es una gran ayuda en su casa, ella también está atenta al movimiento de cámaras y grabadoras, y habla con devoción de “el economista”.

Ecuador la cautivó por la calidez de su gente, la luz intensa y su clima más benigno que su Bélgica natal, acosada por nubes y lluvia constante. Allá vuelven, con grandes esfuerzos, cada dos años. Y aquí las vacaciones son en la playa o en Ibarra.

Las montañas y la exuberancia del paisaje fue otro imán para ella. Un contraste absoluto con una Bélgica plana al infinito. De hecho
esos contrastes saltan en la personalidad de la pareja.

Mientras Correa es un torbellino de criterios y su figura no pasa desapercibida. Ella es menuda y reservada, lo que se podría confundir con timidez. Aunque al momento de hablar sus criterios son firmes y cartesianos. Y así desprecia los comentarios sobre el machismo de su marido y de su lado conservador, “si fuera así ya no estuviera con él”.

Sin embargo, cuando Correa aceptó el Ministerio de Finanzas lo supo cuando llegó de un paseo del colegio donde no tenía comunicación con Quito. Nunca fue consultada sobre el gran cambio que su marido había dado.

En la educación de los hijos ella es más estricta: a la hora de acostar a los niños su esposo pide un pequeño receso, mientras que para ella eso es inamovible.
En lo que concierne a la educación religiosa es su marido quien lleva la batuta.

Ella es católica, pero él es un practicante y eso enseña a los niños. Ella es Anne Malherbe, un pilar fundamental en la vida de Rafael Correa, que hasta ahora había preferido el anonimato.

Por Ana Karina López/aklopez@uio.vistazo.com

Tomado de Revista Vistazo