Antonio Rodríguez V.:
El éxito de Liga Deportiva Universitaria no es un producto del azar o de la casualidad: es el resultado de un trabajo obsesivo y apasionado, con frecuencia ingrato e incomprendido, con la inevitable alternancia de alegrías y sinsabores, que durante largos años ha buscado el crecimiento y fortalecimiento institucional. Fui testigo de la etapa inicial.



Era el año 1972. El equipo había descendido a la segunda categoría y Rodrigo Paz, que asumió el reto de dirigirlo, me invitó a formar parte del grupo de dirigentes que estaba integrando. He conocido desde entonces, muy de cerca, a la mayoria de quienes, imbuidos de la misma mística, a su manera y en distintas circunstancias, han colaborado en ese proceso, y que hoy, en el momento del triunfo, no deben ser olvidados: Raúl Vaca, Alfonso Rodríguez, Edmundo Ribadeneira, Alfredo Endara, Hernán Callejas, Hugo Mantilla, Manuel Yépez, Rafael Herrera, Iván Romero, Patricio Torres...


Quiero recuperar un viejo y ya difuso recuerdo. Era la tarde de un día sábado. Rodrigo Paz me pidió que lo acompañara. Nos dirigimos hacia el norte. Cerca de Pomasqui, por un camino polvoriento y difícilmente transitable, llegamos a un extenso terreno, soleado y seco, cubierto de trecho en trecho por escasas plantas de ramas raquíticas y retorcidas. Me contó, con ilusión soterrada, que lo había comprado, con el producto que dejó la participación del equipo en la Copa Libertadores, para construir el club social y deportivo. Fui testigo privilegiado de su trabajo cotidiano, perseverante y visionario, de tozudez que a veces resulta positiva, con la invalorable colaboración (no puedo olvidar a Guillermo Vilac) de muchos. Día tras día, mes tras mes, sobre ese árido terreno, casi un erial, fue levantándose la actual sede del club.


Me parece que Rodrigo Paz es de esas personas que, además de un eficaz aunque polémico e inevitablemente controvertido liderazgo, tienen una rara e inmensa capacidad de creación. Es ejecutivo y práctico. Es -para decirlo en términos orteguianos- un constructor. Un hacedor de obras. En un país como el nuestro, que se ha caracterizado por llevar a los cargos públicos de mayor responsabilidad a demagogos y farsantes, charlatanes incontenibles e irresponsables, ineptos crónicos e inútiles para todo, ha dedicado sus mayores esfuerzos creadores -su vocación de servicio- al sector privado y, de manera preferente, a la actividad deportiva. Ahí está Fundeporte. Ahi está -después de la sede de Pomasqui- el estadio de Ponciano. Ahí están, en especial en la última década, los triunfos de Liga Deportiva Universitaria.


Liga Deportiva Universitaria, que inicia una etapa de nuevos, difíciles e inéditos retos, ha sido quizás su más constante y duradera pasión. Ha convertido la devoción por el equipo en una especia de culto familiar. En su entorno es imposible no ser liguista. En estos días, cuando ha alcanzado un éxito cuya dimensión y trascendencia aún no hemos podido calibrar, he oído decir que Liga Deportiva Universitaria es Rodrigo Paz. No comparto ese criterio, que me parece unilateral y parcial, porque es mucho más y, sobre todo, muchos más. Pero no tengo dudas al afirmar que sin su liderazgo, su trabajo paciente y diario, su dedicación absorbente, su entrega casi excluyente, no sería lo que es hoy: una institución sólida y, en el ámbito del fútbol, el campeón de América.

Antonio Rodríguez Vicéns