16/06: Trampas de trampas (24)

Ese logró consiguió el ser humano cuando evolucionó y se pertrecho con la mejor arma conocida: la mente, que le permitiría organizarse desarrollando una cultura que en términos tecnológicos-sociológicos-ideológicos significa en la práctica el aumento de la cantidad de energía aprovechada per cápita de sus recursos naturales y la eficiencia de los medios instrumentales o herramientas usados para emplear esas fuente de energía, según afirma el sociólogo L. White.
Para avanzar, la Sociedad Civil creyó conviente crear una herramienta de trabajo llamada Estado y su operador el gobierno para ayudarse a sí mismo con los asuntos de interés común, pero no se dió cuenta que había cometido un grave error al haber permitido que se arrogue privilegios innecesarios y facilidades de poder, lo cual dió lugar a la creación de un nuevo organismo antagónico y ajeno con los deseos e intereses de su autor y de carácter parasitario.
Ha sucedido lo que tenía que suceder: el ser humano se encuentra confrontado con el Estado, los Estados contra los Estados (guerras, revoluciones, corrupción, etc). Es decir la Sociedad Civil, como en el cuento turco de Nasrudín, acabó cargando en sus hombros el burro de carga y además montado éste por el jinete de turno que los conduce de tumbo en tumbo por los caminos perdidos.
El Estado se contaminó crónicamente con el poder y perdió su legítima función hace mucho tiempo, confundió su papel, y se ha convertido en un parásito feroz y depredador de la Sociedad Civil, a tal punto que para asegurar su propia sobrevivencia ha requerido dominarla, y un parásito sólo puede controlar a su víctima de la que depende orgánicamente al sobreponerse a ésta mediante la fuerza o con artificios para secuestrarle su facultad de gobierno y dominarla con opresión, extorsión y engaño, características de poder que han venido marcando las diferentes etapas de la historia de la política y de los gobiernos de los humanos.
El conflicto entre el parásito social y el órgano social, entre Estado dictatorial y la Sociedad Civil dominada, se originó en la tendencia primitiva de los seres humanos a actuar con el menor esfuerzo posible para satisfacer el reto de sus deseos o necesidades. Sin embargo unos, los mejores, aceptan con valentía el desafío y lo afrontan con la aplicación de sus iniciativas, capacidades y trabajo y logran realizaciones creativas (producción de bienes y servicios materiales e intelectuales), cuya función y eficiencia social depende de su capacidad cultural tecnológica, sociológica e ideológica y límites impuestos por la ley. Mientras otros, los peores, se sienten incapaces o temen el desafío y prefieren la comodidad de apoderarse de lo que producen los demás sin temor a conseguir realizaciones destructivas (guerras, dictaduras, fraudes, monopolios, corrupción, prevaricato, soborno, extorsión, terrorismo, mafia, delincuencia civil o política), lo cual depende más del grado de dominio o poder para hacerlo y de su imposición de leyes, que de los factores culturales.
El poder genera más poder y es directamente proporcional al grado de peligro para la paz, estabilidad y desarrollo que ha afrontado la humanidad. Ejemplo reciente extremo fue de desencadenamiento de las guerras mundiales del siglo XX en las que se destruyó el Continente urbano europeo y se mataron 68 millones de seres humanos. El desarrollo del Estado y los gobiernos como órgano de poder es la invención más peligrosa de los seres humanos, lo cual ha llevado a la generación permanente de conflictos y males sociales, cuya contrapropuesta no acaba de nacer pero quizá ésta podría aparecer si “sentimos que no encajamos en el sistema ni en la sociedad y necesitamos expresar “extraños” pensamientos para robustecer nuestra sabiduría” al decir de B. Aldis.
De todos modos, es un hecho que “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo y no acaba de nacer” como pensaba Jorge L.Borges. La crisis política nacional, acentuada en los últimos decenios, se ha producido por el derrumbe de las oligarquías clasistas que han acabado ahorcadas en la corrupción y el desprestigio social. Su ausencia política y el petrolerismo han dejado una enorme estructura estatal vacía de poder, un gigante yate de lujo a la deriva, a merced del huracán de turno, del oleaje ideológico que ni cesa ni pasa, repleto de pigmeos burocráticos depredadores y ocupado por el movimientismo oportunista reinvindicatorio que a falta de recursos culturales y económicos recurre a procedimientos golpistas, delicuenciales y a la demagogia clásica para acceder al poder y, luego en él procuran el reforzamiento del sistema de poder para consolidar sus posiciones, como lo reitera la Constitución correista, lo cual significa el recrudecimiento de la opresión y el latrocinio oficial, bajo la bandera de las grandes falacias políticas de siempre: el Estado propietario de bienes y recursos públicos, el timo del sufragio universal no-calificado, como lo hemos argumentado en las entregas Trampas de Trampas 14 y 23, respectivamente, así como las falacias de las falsas igualdades y la de los falsos derechos que adornan la demagogia política pero impiden el desarrollo social, que las abordaremos en los próximos capítulos.
La política es el arte del engaño y los políticos son sus agentes usufructuarios. La víctima es la sociedad civil, el pueblo. Para manipularlo con la mayor astucia se han esmerado en desarrollar las falacias demagógicas para asegurar de antemano el objeto de latrocinio y el procedimiento electorero y, asimismo, su prepotencia ha impuesto la costumbre de la cultura social de las falacias como principios de las relaciones políticas y del sistema jurídico, empezando por la propia Constitución, que no es más que una expresión de la apología de la opresión social a la cual todos deben obedecer como el humano del cuento que hace de burro del burro y siempre acaba arando en el mar.
Más reflexiones en la próxima entrega o en www.mov-sol.com. Más pensamientos sobre estos apasionantes temas en el libro “Hijos del tiempo” de Raulmanla, con descubrimientos intuitivos inéditos sobre las realidades humanas.
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