Carol Murillo Ruiz:
Si yo tuviera a Correa cerca… le diría muchas cosas. Le diría que el país es un camión viejo, amortiguado por la creencia de que se ha estacionado en un lugar parecido a un desierto y aún no ve el remolque de lo salvará de la arena.

Le diría que la política, tal como se la ejerce y se la practica, sigue enredada en el pasado, y, desde el 2007, los pequeños sistemas empotrados en cada institución pública, hacen imposible un cambio –rápido- de mentalidades y acciones.

Las entidades públicas de mínimo y mayor nivel tienen cadenas de procedimientos para ‘evitar’ la corrupción… pero en realidad funcionan para ocultar la factura.

Si yo tuviera a Correa cerca… le diría que no basta su palabra y su credibilidad para movilizar el camión. Que el país está lleno de taras y que la reproducción de esas taras es conveniente para la sujeción política de conductas y esmeros con el modelo neo-colonial de atajar lo que caiga por los esclavos del lucro.

Si yo tuviera a Correa cerca… le diría que la confianza en su Gobierno es altísima pero no siempre en su Gobierno hay gente que merece estar por más labiosos y ‘aportantes’ a la potencia política de su carisma, pues gobernar no es montar un teatro de variedades con figuras que contradicen, con la hipocresía de buenos amigos, la idea y el proyecto. Le diría que se apostó a su plan porque era imposible resistir que Ecuador fuera el centro/mitad de una mafia financiera y política ubicada en las torres estatales para engarzar negocios privados. Le diría que el sistema que ensamblaron debe ser desarmado completamente, porque, aunque no me crea, en algunos pasadizos de su Gobierno hay fichas que reproducen la porquería de ayer.

Si yo tuviera a Correa cerca… le diría que se regale una tarde de silencio; una para contemplar y oír. Nadie más interesada que yo en que su Gobierno sea el primer Gobierno de este siglo que destruya las reglas del viejo juego y renueve la vida de los ecuatorianos. Le diría que se fije más en las miradas que en las palabras… porque, entonces, acaso, pueda vislumbrar que lo que decimos los otros, en este caso lo que digo, tiene el peso de alguien que se decidió a votarlo –tres veces ya- porque nadie como él le habló, un día, al país desde la economía y no desde la retórica de la doctrina sin números.

Si yo tuviera a Correa cerca… le diría que no diga lo que ya sabemos y que hable de lo que no sabemos. Por ejemplo: ¿Qué eje económico fuerte del pasado ha roto o va a romper para que la economía especulativa que tejió hilos vinculantes con todos los negocios –bancarios y/o mediáticos- deje de ser el sostén improductivo del país? ¿Cuáles serán los recambios a nivel de mandos medios? Porque muchos funcionarios, subsumidos en el circuito de los favores, parecen clones de ineptitud deliberada.

Le diría, también, que a su Gobierno le falta una estrategia de comunicación y que su dpalabra, hasta hoy su mejor arma comunicacional, debería estar flanqueada por uno o dos voceros peritos en comunicación política.

Si yo tuviera a Correa cerca… le diría que se quede una tarde con todos aquellos que aprendieron a decirle no.

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Carol Murillo Ruiz

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