Carol Murillo Ruiz:
El asunto de las computadoras de Raúl Reyes es una coartada. Estuve pensando qué pasaría una vez que la Interpol presentara su famoso informe y el mundo entero, hipotéticamente, supiese que el gobierno de Rafael Correa ha tenido, en verdad, relaciones –no sé, políticas, económicas, diplomáticas- con las FARC. Pero hoy que ya se sabe el ningún misterio de la Interpol, vienen los discos duros…

Pensé otra cosa también. A Colombia no le incumbe saber si Ecuador tiene ‘tratos’ con las FARC. Le interesan pretextos para abrir la guerra en la región. Le interesa, sí, ser parte de la gran guerra de EE.UU.; ser parte, es decir, no ser víctima del Tío Sam sino su amigo, su fuerza (armada), su selva. A Colombia le conviene, cuando la guerra en Latinoamérica se prenda, instigada por la moral del hambre y de la sed, estar junto al más grande, arrimarse a buen árbol, amistarse con el garrote.

¿Cuál guerra?

Nuestra alegría de paz es una alegría ilusa. Para estar aquí, guerras han cruzado. Guerras de verdad. Muerte. Pero hoy, enajenados del mundo real por las escenas del bien, creemos que todo es gratis. Que hablar es gratis. Que caminar por las calles es gratis. Que mirar el mar es gratis. En fin, una multitud de vida gratis. ¿Cuál guerra? La guerra ha empezado ya y se afirma en la crisis alimentaria y su cadena de efectos. EE.UU. vive un momento crítico, ¿y si EE.UU. vive un momento crítico? Es que su guerra es muda, todavía. Visualiza puntos geográficos claves. Reacomoda aliados.

Funcionaliza ejércitos. Prepara mentes. Ajusta mentalidades. Firma préstamos. Acopla idiosincrasias. Y hasta es capaz de votar a un Presidente negro a fin de legitimar democracia e imperio en una categoría política nueva (y avasallante) que supere esa ‘tontería cultural’ llamada “choque de civilizaciones”. En EE.UU. podríamos ver un día las placas no numeradas de una sola tierra.

Por eso Colombia está junto al gran garrote. Y en la adecuación de sus intereses futuros, EE.UU. prefiere a Colombia por su gran experiencia en manejo de mafias superpuestas en el mercado legal que la democracia ha creado. Colombia cifra el progreso en un capitalismo múltiple y colabora con el imperio porque negocio siempre es negocio.
Creo que a Colombia le vale un comino si Ecuador tiene o no ‘relaciones’ con las FARC. Su moral política está más allá de ese maniqueísmo que suele mostrar. Colombia quiere a Ecuador como territorio, como geografía, como lugar. No lo ve como país. Es la lógica norteamericana y la pragmática colombiana. Por eso se ríen de la soberanía y de los acuerdos humanitarios.

Lo de las computadoras de Raúl Reyes salvadas del bombardeo es una coartada para tejer redes de acoso y tensión política. El caso Ecuador es ilustrativo.

Acabo de leer una cosa maravillosa para que nadie se trague el mismo cuento. Se los copio: “El conjunto de datos (en las computadoras) correspondería a 39,5 millones de páginas completas escritas en el programa Microsoft Word y, si todos los datos incautados estuviesen en ese formato, a un ritmo de 100 páginas por día, se tardaría más de mil años en leerlos”.

Pero aquí, ¡cuándo no!, al parecer, la educadísima oposición sin ojos, ya ha leído esos datos más de mil veces.





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Carol Murillo Ruiz

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