28/01: Trampas de Trampas (7)

El Estado de hoy equivale a aquella Iglesia de la Inquisición. Hoy castiga a los ciudadanos que carecen de fe en el gobierno. La fachada del sistema político imperante está diseñada de tal manera que cada cuatro años nos consolamos con la comodidad del engaño, con la “lealtad” a los afectos negativos, con la malsana seguridad de que “el nuevo gobierno sabe lo que hace y será el mejor que nunca ha existido”.
Al siguiente día, cuando llega al poder lo primero que hace es demostrar todo lo contrario ”nadie le entiende ni sabe lo que hace y resulta ser el peor de todos los malos” y la culpa “la tiene y la paga” la sociedad civil por haber sido inducida como siempre a renunciar por sí misma a sus derechos soberanos. Este efecto cumulativo de chatarra política viene sucediendo en los países sin gobiernos capaces y responsables, puesto que el sistema parte del supuesto falso de que todo gobierno es capaz, honesto e infalible y, entonces, para qué afanarse en demostrarlo.
La retórica barata de la demagogia partidista o de nuevos movimientos dictatoriales u oportunistas, cuyo propósito es sobreponer al Estado sobre la Sociedad Civil es acusar de todos los males a la oligarquía, lo cual, por cierto, es verdadero ciento por ciento; pero, el error es estigmatizar éste término como si sería propio o exclusivo de las clases pudientes, como si la legitimidad patrimonial sería un delito ganado o un derecho perdido. Tal como en la Edad Media se acusaba de brujería al esfuerzo creativo del progreso. Pocos pueblos del mundo han podido liberarse de la realidad sado-masoquista impuesta en la relación Estado-Sociedad Civil.
La mayoría de los gobiernos que han tenido los pueblos desde tiempos remotos han sido monárquicos absolutistas u oligárquicos dictatoriales tanto de izquierda como de derecha. El drama Dovstoyeskiano siempre ha estado presente: la compasión por los asesinos a quienes se evita el castigo. Oligarquía son los grupos abusivos por el uso de su poder económico, las mañas legales o las ideológías que especulan con su posición política para adquirir cada vez mayores privilegios a costa de la sociedad civil, llegando al extremo de arrogarse decisiones que cuestionan el poder civil de los ciudadanos, lo cual no ha sido aplicación precisamente de democracia sino flagrante imposición de dictadura o, lo que es lo mismo, mal uso de poder. Los principales grupos que han impulsado esta enfermiza relación y se comportan como enemigos gratuitos de la sociedad civil no son únicamente aquellos contados ricos que cometen ilícitos utilizando el poder del gobierno sobre el Estado, sino sobretodo lo es el partidismo monopólico político cuando sus líderes carecen de ética o conforman grupos que actúan como depredadores organizados y, asimismo, los burócratas permanentes o de carrera con funciones que se prestan para el servilismo, la complicidad y el encubrimiento y, de esa forma, son también los usufructuarios eternos de los privilegios enquistados por los gobiernos oligarcas, como puede ser el caso del Servicio Exterior y otras instituciones parásitas, constituidas ya en feudos que chupan del Estado, con salarios de divas a costo del herario que aplasta a los contribuyentes.
Si Correa califica a Nebot de oligarca debería probar los supuestos ilícitos que ha cometido, caso contrario sólo está confirmando su autocandidatura a serlo o es el impulso de su carácter pendenciero y temerario, todo lo cual cual choca con el perfil de un jefe de Estado responsable de asegurar la sana conviviencia interna. Correa ha convertido en dictadura oligárquica su gobierno al creer que dispone poderes supremos para tomar cualquier decisión sin importarle que cuestione el poder civil de los ciudadanos.
Ha convertido en oligarca su gobierno al haber asumido el rol de inquisidor en forma inconstitucional en asuntos que si bien los reclamaba con razón y derecho el pueblo, pudo haber hecho exactamente lo mismo sin haberse perdido las brillantes ocasiones de consultar puntualmente a la ciudadanía con lo cual hubiera podido legitimizar sus decisiones o enmendar errores evitando la imposición de su dictadura y la impunidad de quedar incurso en desacato del orden constitucional, causal de destitución, salvo que rehaga oportunamente lo mal hecho.
La primera tarjeta roja, que es lo que tanto buscaba, ya la ha recibido y la burbuja de los electores enardecidos se está reventando por el peso de la dictadura. Se ha creado con demagogia la democracia del contrato totalitario, del “entrégame todo lo que es tuyo a cambio de tus sueños”, la falsa democracia representativa del “tus derechos me pertenecen y me invento otros para tí”. Si continuamos con la falsa democracia representativa antifuncional que intrínsecamente es irracional, controversial, absolutamente inquisidora y que constituye la principal fuerza de desestabilización del desarrollo de la Sociedad Civil, seguiremos arando en el mar.
Raulmanla
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