06/01: Errores y mala leche

Hoy, ya en el 2008, quiero y debo regresar a la política.
A ese tronco que separa en ramas la vida de la gente y no lo parece. A esa opción de interpretación que me da ser testigo y partícipe de uno de los períodos más cruciales que vive el Ecuador y que, tal vez, por miopía analítica o prejuicio, no entendemos como un quiebre en la historia social de un país que ha estado internado en las rejillas de la ideología de las elites y jamás en el ojillo del pueblo llano, o de la clase media, arrepentida de ser, por décadas, experimento de una posible riqueza (o arribismo) bajo la mesa de los comedores de las mansiones ajenas.
Creo firmemente que vivimos un tiempo distinto en la política ecuatoriana. No será el mejor ni tendrá las virtudes de la pureza –al diablo esa pureza sin celo- pero alienta una dignidad que solo la locura del presidente Correa puede encarnar.
La tensión política del final de 2007 y la nueva tensión que se extiende por los pataleos de sectores que no agradecen -ni sopesan- la posibilidad real de ser mejores ellos mismos, induce la impresión de que el caos podría dominar el sentido común general.
Ciertas falencias en el área de comunicación del gobierno, referidas a la poca difusión informativa sobre la Ley Tributaria y el escaso control sobre el alza de precios de los productos de primera necesidad, en diciembre, tapadas por el bullicio de las fiestas navideñas y de fin de año, dejan un sabor amargo al gobierno. (A pesar de la intervención directa de Correa en cadenas televisivas al caer el 2007).
Ante este desmayo informativo, vemos una lenta recuperación que tiene en la publicidad, y no en la información, su yunque principal. No está mal. Pero es urgente que el gobierno tenga una política comunicacional preventiva, por decirlo así, que mida la reacción social frente a la fuerza de unas elites políticas, económicas y mediáticas que articulan intereses para ampliar la confusión y no la claridad frente a hechos que si no son explicados con una pedagogía comunicacional penetrante y clarificadora hace parecer al gobierno como un pull de gente descuidada y torpe.
Ergo, los medios privados, que manejan sin rigor la información pública, han tenido una sartén para hacer saltar en su interior todo tipo de ingredientes como un saltado chino.
Ese es un error del gobierno que permite la trastada de algunos medios al picar a la opinión pública sobre temas que piden ser entendidos lejos de titulares indecentes por la mala leche mediática.
El gobierno tiene que corregir su escenario informativo.
Y una gran mayoría de medios debe intuir que su misión ha de estar a la altura de una mejora comunicacional que, aunque duela, ha sido empujada por un gobierno y una asamblea constituyente legitimada por el olfato político de la gente común y corriente.
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Carol Murillo Ruiz
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