Raulmanla:
Maurois decía que es fácil utilizar las palabras pero difícil crear las ideas. Intentado un diagnóstico cabe auscultar con ideas o argumentos las razones del mal que aqueja a la República. Los editorialistas, colaboradores y comentaristas coincidimos reiterádamente en que el pais y la región sobreviven una aguda crisis política que podría conducirnos a una situación letal.

El esfuerzo político ha sido equivocado o no ha sido suficiente y el resultado es una sociedad siempre debil y expuesta. Las pruebas: el empobrecimiento general, la pérdida de patrimonios, el escape emigratorio desesperado, la inestabilidad de los gobiernos, la capitulación monetaria y fronteriza del Mahuadazo, la asfixiante burocracia privilegiada, engañosa e innecesaria.

Si el Reino de Quitus, la Audiencia española y la República han sobrevivido durante siglos como ente social propio se ha debido a las relaciones externas, principalmente con Occidente. En forma libre o impuesta siempre hemos sido importadores natos de civilización, ideologías, culturas y tecnologías y , a cambio, exportadores marginales y ahora emigración, habiendo aceptado, según nuestro flaco estómago, lo nutriente pero también lo indigerible. Apenas nos hemos dado cuenta que es noticia vieja el superar los estigmas ideológicos inoperantes.

En el presente planetario los problemas ya no se tratan con opticas exclusivas de derecha o de izquierda. Los estadístas, como los capitanes, deben sortear los escollos propios objetivamente con ideas propias, si no quieren naufragar provocando un pais enclenque, con una sociedad civil moribunda condenada a desaparecer como sucedió con la Europa del Este. Qué es lo que falla para tener la capacidad de captar y aceptar lo que nos conviene, y qué es lo que impide producir propias propuestas acertadas. Esta es la dualidad a la que responden las naciones dinámicas que reconocen que habitamos en un planeta cada vez más globalizado, pluricultural, en competición, en peligro de extinción por el terrorismo del fanatismo ideológico o del cuello blanco mercantilista. Es preciso entender antetodo que el Estado no es parte complementaria de la Sociedad Civil.

No es parte constitutiva u orgánica del todo social. Es un suplemento administrativo, una herramienta de trabajo a su servicio creado por la Sociedad Civil como la máxima expresión individual de la solidaridad colectiva para su exclusivo beneficio y seguridad, dotándole para el efecto de una superestructura y de gobierno obediente al pueblo que le designa, apoya o le debata. Pretencioso el nombre de “constituyente”. Desde 1789 y aquí 1830 las asambleas constituyentes no han llegado a marcar más que la reproducción del mismo modelo de sistema político basado en uno u otro poder, antes llamado monárquico por la gracia de Dios, luego militar o comunista por las armas, oligárquico por el dinero, ahora fascista y oportunista por el poder de las masas enardecidas.

Siempre el mismo guión en nuevos espectáculos trágico-cómicos. El esperado cambio siempre ha sido imposible por la aberración de algunos gobiernos o revolucionarios de creer que el Estado es el que crea o puede crear o transformar la Sociedad Civil. El dilema no cabe, ni huevo ni gallina, nunca puede existir un Estado adecuado si no es creado por la Sociedad Civil. La Sociedad Civil es la que toma cada una de las decisiones y , entre ellas, la forma de Estado que le interesa.

Es como una empresa, ésta no es la que crea los propietarios, sino lo contrario. Tampoco los ejecutivos (gobierno), a parte de sugerir, son los que deciden su comportamiento. Cuando controlemos y no permitamos cualquier uso de poder mediante una sociedad civil responsable y exigente de sus legítimos derechos, será posible un ejecutivo fuerte en autoridad, una legislación consultada y una función judicial autónoma, entonces liberaremos las capacidades creativas de la sociedad civil y habremos evolucionado de la arcaica sociedad del poder a la sociedad de la autoridad responsable.

Dispondremos entonces de la capacidad de captar y aceptar del exterior lo que nos conviene, y de generar propuestas internas constructivas. De no hacerlo, seguiremos tumbando gobiernos y arando en el mar.

Escrito por Raulmanla