Dr. Miguel Palacios Frugone:
En un estado democrático la participación activa de las minorías en la toma de las decisiones, es lo que garantiza el adecuado uso del poder para impedir las dictaduras.

El pueblo ecuatoriano votó por una constituyente, que previo un reglamento otorgaba poderes totales a los asambleistas para hacer una constitución y ejecutar una reforma estructural del estado. Todo aquello que se hiciere como resultado de esto, debería ser ratificado en un referéndum aprobatorio para su vigencia.

Sin embargo, la auto asignación de poderes absolutos tan cacareada por los nuevos asambleístas del gobierno, son solo patrañas argumentadas por quienes se creen los nuevos dueños de la patria.

Hacer una interpretación que contradiga el mandato popular conferido a través de un estatuto, es solo un acto dictatorial que rompe el orden constitucional y evidencia la esencia inmoral de las nuevas gárgolas carroñeras del país.

Lo que los asambleístas pretenden hacer nadie se los pidió y mucho menos alguien se los dijo que lo hicieran.

Todo esto no son más que unas falsas y autocráticas interpretaciones de que la legitimidad está por encima de la ley, para justificar la violación al mandato popular.

En ningún momento ni en ninguna parte se votó para que se cerrara el congreso. Por mucho que los actuales dictadores crean que eso es lo que quiere el pueblo, los asambleístas no son telépatas ni interpretadores del pensamiento de la gente.

No pueden porque sí, ni por que les da la gana, decir que a nombre de los ecuatorianos cerrarán al legislativo, por mucho que los ineficaces diputados hayan hecho suficientes méritos para ser cesados en sus funciones.

Acosta y sus secuaces no son los dueños del Ecuador.

Estas violaciones a la ley nos llevan al totalitarismo y serán las primeras decepciones que cansarán a un pueblo hastiado de que a su nombre se efectúen las más grandes depredaciones constitucionales a la patria.

No veo la diferencia entre aquellos de la vieja partidocracia que violaron la constitución cada vez que les dio la gana y estos nuevos títeres de la asamblea, que ya la han violado incluso antes de posesionarse para luego volverla a violar.

La antigua partidocracia es gemela con esta nueva alimañería de los hoy burócratas del estado. Son lo mismo pero en épocas diferentes, con iguales apetitos voraces y las mismas explicaciones justificativas para ultrajar la constitución con el consabido estribillo de que se lo hace por el interés nacional.

La otrora partidrocracia es tan perversa como los nuevos asambleístas.
Antes los partidos representaban los intereses de los ricos, ahora los asambleistitas representan los intereses de aquellos que después de cuatro años serán los nuevos ricos.
Nada ha cambiado, todo es lo mismo.

Las ratas son las mismas de siempre y lo que queda del cadáver que se quieren comer; lo mismo.

No existe gran diferencia entre un Acosta y un Hurtado. Ambos son ideólogos serranos de clase media, los dos son profesionales, socialistas, hacen deportes, usan lentes, se ponen suéteres debajo de sus levas, son altos y dicen actuar por el bien de la patria para hacer reformas trascendentales y fundamentales.

No entiendo cómo una Maria Paula Romo que vive en Quito, pueda saber que es lo que más le conviene a Guayaquil, así como no entiendo cómo un Panchana que vive en Guayaquil se lo permita. Los asambleístas no son los dueños de la patria y mucho menos son mejores ecuatorianos o más preparados que nosotros para saber lo que necesitamos.

Esto de los poderes absolutos son criterios autocráticos de unos recuadrados mentales, que ahora creen que el país le pertenece. La mayoría de ellos son conocidos en sus casas y sin ninguna preparación en materia constitucional y peor en conocimiento de cómo funcionan las instituciones del estado.

Dicen que el poder cambia o corrompe. Se sabe que para conocer la verdadera esencia de un hombre hay que darle poder. No sé que es más peligroso, si darle poder a un tonto a o dárselo a un ambicioso que se crea inteligente. Estos autodenominados nuevos dueños de la patria no son nada más que ochenta violadores igualitos a los que dicen combatir.

Por: Miguel Palacios Frugone

Technorati Tags: