Galo Vaca Acevedo:
En la visita a mi ex-compañero de la Sorbona de París,Rochdi, nacido enTetuan,Moroco, un árabe con mente abierta al mundo, me recalcó que los musulmanes no quieren el final de Israel por razones obvias de raíces religiosas antiguas, pero más que todo por ser el cordón umbilical de una civilización que une a la humanidad.

Entonces empecé a comprender el por qué los desiertos, antes de apacibles camellos y lentos dromedarios se habían constituído en campos de guerra minados de horrores y mentiras sociales y religiosas, arrimados a una economía tribal casi miserable, a causa de enigmáticos dogmas místicos que lo único que hacían, hacen y continuarán haciendo es, seguir masticando la soledad y el odio espiritual desde sus oscuros laberintos de miseria e ignorancia ancestral, viejos hábitos que las nuevas generaciones desean cambiarlos por una existencia mejor. Son gente dominada por jeques y comandantes que buscan la manera de gobernarles en un mundo que ya no es así.

Estos comandos religiosos siempre se sirvieron de mentiras eternas para poder vivir mejor en medio de un mundo inocente, empedernido y sumiso a sus credos que hasta hoy siguen siendo un mito al que se le desea convertir en verdad, sea por persuación amistosa o por medio de masas informativas que martirizan por varias vías: por gritos ateridos que salen desde los minarets, cúpulas y campanarios, por sermones en templos barriales del Viejo y del Nuevo Mundo, por la comunicación deformada entre familiares, amistades y otros medios escondidos que se filtran por las hendijas de la ignorancia. Existe una cadena de caminantes o trashumantes, falsos profetas y predicadores descarriados del redil, lobos cazadores de obejas. Cuando hablé con la gente del Moroco norteño, me di cuenta que nadie sabía por qué se mataban en el Medio Oriente. Mis amigos elevaban sus negros o verdes ojos al cielo y decían: ?nunca hemos visto la cara de Dios?, conocido con varias denominaciones según el pueblo que yo visitaba, aunque algunos desdichados decían escuchar su palabra sin darse cuenta que ya estábamos en la era de los celulares y el nuevo decálogo llamado internet.

Saben que el conflicto está entre Afganistán, Irak, Palestina, Israel y el Líbano. Según ellos, es porque el Oeste cristiano no quiere que la religión islámica se expanda y por eso están unidas las superpotencias.Sin embargo, muchas jovencitas universitarias y gente común decían que: si esta desgracia iniciada el año cero entre pueblos legendarios se terminara, todos viviríamos en este Cielo que está en la misma Tierra, lo demás que se lo lleve Belcebú. Rochdi elevó sus ojos color de noche beduína hacia los dátiles, mientras su bella hermanita Zhara, me miraba de soslayo con sus ojos miel de azahares resguardados por unas largas pestañas negras como las noches de Arabia donde escondía su picardía pero entendía mejor la felicidad que yo explicaba. Ella meditaba sentada a orillas del aljibe junto a las dunas y palmeras que adornaba el exótico paisaje, donde nos cubría un tibio anochecer en el oasis por donde corrian tenues los manantiales que reflejaban la luna blanca y el cielo azul añil del desierto, antes berebere. Ella me confió sus cuitas en tono lisonjero y entre otras cosas silencias me dijo que: ? siendo la naturaleza el dios más divino o la diosa más sublime, por qué la humanidad no descubre hasta ahora, que el amor está entre carne y piel y en cada entretela de las membranas del eros se guardan hasta hoy en los sarcófagos egipcios.


Escribe: Galo Vaca Acevedo