Vasija de Barro:
Creo que todos hemos escuchado alguna vez en nuestra vida:

Yo quiero que a mí me entierren
como a mis antepasados. (bis)
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro. (bis)

Cuando la vida se pierda
tras una cortina de años,
vivirán a flor de tiempo
amores y desengaños. (bis)

Arcilla cocida y dura,
alma de verdes collados, (bis)
barro y sangre de mil hombres,
sol de mis antepasados. (bis)

Cuando la vida se pierda
tras una cortina de años,
vivirán a flor de tiempo
amores y desengaños. (bis)

De ti nací y a ti vuelvo,
arcilla, vaso de barro. (bis)
Con mi muerte vuelvo a ti,
a tu polvo enamorado. (bis)

Muchos damos por sentados que es Ecuatoriana y si buscamos por ahí encontramos que aparentemente ha sido escrita por: Luis A.Valencia y Gonzalo Benítez.

Pero el día de hoy encontré un artíkulo en El Hoy donde dice: El escritor Jorge Enrique Adoum habla sobre la noche de la creación de la emblemática melodía, hace 56 años. La letra es de J. E. Adoum, Jorge Carrera Andrade Hugo Alemán y el pintor Jaime Valencia.

El artíkulo continua:

Era la noche del 7 de noviembre de 1950 y un grupo de invitados se divertía en una reunión organizada por el pintor. La obra, llamada Origen, que reproducía a una madre con su hijo en el vientre llamó la atención del escritor Jorge Carrera Andrade, quien señaló que el pequeño que estaba por nacer parecía descansar dentro de una vasija, “de las que solían enterrar a nuestros antepasados”, señala Jorge Enrique Adoum.

Por lo que en esa celebración se concibió una de las melodías más representativas de la identidad nacional. A su lado se encontraban el poeta Hugo Alemán y el pintor Jaime Valencia, además de los músicos Gonzalo Benítez y Luis Alberto Valencia.

Adoum continúa su relato y cuenta que Carrera Andrade tomó al azar un libro de la biblioteca de Guayasamín. Se trataba del primer tomo de En busca del tiempo perdido, de Proust. “Escribió la primera estrofa: Yo quiero que a mí me entierren, en una de las páginas de guarda del libro”, añade. “También estaba la cuñada del fotógrafo Bloomberg, entonces Jorge le pasó el libro con lo que había escrito y ella como si fuera un trozo de metal ardiente se lo pasó a Hugo Alemán. Hugo escribió su estrofa y se lo pasó a Jaime Valencia y después me lo pasó a mí. Yo corregí dos versos de Jaime. En uno le faltaba una sílaba y en el otro en cambio le sobraba una. Y me tocó a mí, la cuarta y última estrofa”, dice el escritor, quien cuenta también que se propusieron otros títulos para lo que habían escrito. En la misma hoja, Adoum había anotado y tachado las propuestas del grupo: ‘Hombre de barro’ y ‘Hombre de arcilla’, pero fue ‘Vasija de barro’ el nombre con el que finalmente se bautizó a la creación.

“Después nos dedicamos a beber y a conversar. Sin que ninguno de nosotros se haya percatado, Los Potolos tomaron ese texto y en la vuelta de 20 ó 30 minutos nos llamaron la atención para que oigamos, ya la canción estaba. La noche fue estupenda, con ese hallazgo”, dice el escritor.

Para Adoum, la canción caló enseguida muy profundamente, ya que la melodía propició el retorno hacia los orígenes de la música nacional. Comenta que a lo largo de los años ha escuchado hasta una versión de ‘Vasija de barro’ en ritmo de cumbia. Pero para él, además de la original, del dúo Benítez Valencia, la mejor interpretación que ha oído es la del español Paco Ibáñez.

Adoum reflexiona sobre la trayectoria del tema: “Todas las creaciones son como los hijos, uno los hace y los cría, pero después ellos tienen que ganarse la vida. Esto es lo que ha pasado con la ‘Vasija’. Ha pegado y pega en gente de toda edad, aunque el tema puede parecer algo fúnebre, en realidad habla sobre las raíces del Ecuador”.

Fragmentos tomados de: La canción "Vasija de barro", un referente que vive